Cuando se abrió la puerta, encontraron a la rubia en su escritorio, casi ahogándose en la masa de papeleo que la rodeaba. Sin embargo, cuando se dio cuenta de la pareja que había entrado inmediatamente guardó el lápiz, que había estado sosteniendo para escudriñarlos. Mirando a Peter por razones que él solo podía imaginar, ella les indicó que se acercaran y se alejaran de la puerta. Resultó ser una buena idea, ya que se abrió de par en par al momento siguiente. Lorena contuvo el aliento. Su padre bailaba el vals como si fuera el dueño del lugar, seguido de cerca por Yama e Isaia. -¿Me llamaste, mi señora?- la voz ronca de Haru Mauro llenó la habitación. -Ah, sí, lo he hecho- respondió la rubia con tono de negocios- Los oficiales Klaus Peter y Haru Lorena acaban de regresar de su misión a

