Festival Oriental

850 Palabras
(…) Sky City / Festival de Fuegos Artificiales / Unos días más tarde Motivados a celebrar su reciente libertad y la obvia consagración de su relación. Tomas y Ayami se encontraban en una hermosa feria con estilo oriental, llena de preciosos detalles coloridos, en el cual se mostraría además un espectáculo de luces y explosiones. El lugar fue acomodado sobre una explanada que terminaba a la orilla de un gran lago, las tiendas se organizaban en filas, al estilo de un boulevard. Había de todo, comida, juegos, objetos decorativos y coleccionables, el dúo camino por esos rincones comiendo y divirtiéndose con todo, ganando premios para luego regalarlos a los niños menos afortunados o con poco dinero. La mujer llevaba un vestido tradicional, un yukata de color blanco con flores, mientras que el hombre portaba su elegante traje, su chaqueta negra, sus finos pantalones y sus zapatos de vestir, por supuesto que estaban a tono con la situación, eran el perfecto equilibrio entre la luz del día y la oscuridad de la noche.   —Este sitio esta divertido —Hablo Hutson contento, dándole un sorbo a una botella de leche que acababan de comprar. — ¡No le pegues el pico sucio! ¡Esa es para los dos! —Inflo sus cachetes la dama, tratando de quitarle el recipiente. —Huy si… Debe ser que no has probado mis fluidos —Molesto el antiguo asesino a su pareja. — ¡Ya te pasaste! —Exclamo la chica arrebatándole el frasco y tapándolo en el acto —Muy bien, busquemos un sitio donde parar a comer —Añadió sacándole la lengua y alzando una bolsa de dumplings, pequeños rollitos de masa rellenos con carnes y pescado. —De acuerdo, eso huele estupendo —Acepto corriendo hasta su novia y cargándola con ambos brazos — ¡Vamos por unas sillas! —Exclamo emocionado. — ¡Tomas! ¡Bájame! —Regaño sacudiendo sus piernas y al ver que no tendría éxito, se rindió en sus brazos e intento que al menos las cosas no se fueran a caer. Mientras disfrutaban de su noche completamente juntos, un hombre los vigilaba desde lo alto de una colina, sus ojos claros eran opacados por una sombra negra de odio, la felicidad de su antiguo compañero no era honesta para él, pues en su loca obsesión, tenía la errónea idea de que esto solo significaba un embrujo puesto por aquella hermosa señorita. Su furia llego a cotas inimaginables en ese preciso instante y se dio cuenta de que si aguantaba otro momento así acabaría por matar a cualquiera que se le pusiera en el camino, solo para poder drenar su rabia. —Tranquilo mi amado, muy pronto estarás libre de esa perra —Garantizo Crist relamiendo sus labios, desenfundando una katana. Los chicos encontraron cobijo en las cercanías de la orilla, como todavía faltaba para que empezaran las luces, esta se encontraba despejada, entre las compras había un hermoso mantel tejido a mano, lo pusieron sobre los maderos del muelle y se sentaron, sacaron sus alimentos y comenzaron a degustarlo, con la compañía del ruido de las personas que gozaban del festival y unos cuantos perritos que se les acercaban a pedirles alimento. —Deberíamos adoptar alguno ¿No crees Tomas? —Cuestiono mirando como su chico se perdía en la inmensidad de agua y cielo — ¿Tomas? —Llamo nuevamente colocando su mano sobre la de su novio.      —Es solo que… Por fin soy libre, pero ahora siento que no tengo un propósito en la vida —Hablo con introspección, mordiendo el dumpling. —Me haces sentir mal, pensé que nuestra relación era más que suficiente para ti —Puso una cara de tristeza forzada, para intentar causarle gracia. —No es eso Ayami, obviamente daré mi vida para hacerte feliz, pero… Desde que mi familia murió, luego vino Alphonse y después Tantalus, nunca pelee por nadie que no fuera yo, para sobrevivir seguí corriendo y matando, ahora todo término —Declaro apoyándose de sus brazos y recostándose hacia atrás. —Nada acabo tonto, existen muchas cosas que puedes hacer ahora e incluso si sigues peleando puedes hacerle mucho bien a las personas, siendo un caza recompensa y encerrando a los malos que andan haciendo desastre en las calles —Ofreció varias opciones la mujer, viendo la consternación de su pareja —Al igual como lo he hecho yo durante todos estos años, jamás olvides la primera lección que te di —Alzo su dedo tratando de sonar intelectual. —“¿Primero debes lubricarla bien?” —Recordó cuando perdió la virginidad y empezó a reír. — ¡Idiota pervertido! —Regaño con una cara muy sonrojada, asustando a los canes, quienes salieron corriendo.    —“Un arma no está hecha para matar, si no para defender a los que amamos de quienes quieren hacerles daño, matar es solo la última consecuencia” —Acoto nuevamente con más seriedad —Gracias amor —Sonrió Hutson viendo como esta lo abrazaba. —Te amo Tomas —Musito contenta, tomándolo por la nuca y besándolo profundamente. 
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