MARIDOS INOPORTUNOS

1560 Palabras
EMMA Con la apertura de mi negocio en puertas he estado tan ocupada que no había caído en cuenta de que Ben volvió de su último viaje hace un par de días. Joan ha estado más que dispuesta a ser no solo la catadora oficial de mi menú, sino también mi ayudante temporal. Dijo que era algo realmente bueno lo que tengo aquí. Siento que desde que me ofrecí a ayudar a su nieta la tensión que manejamos a diario ha cedido hasta el punto de que ya no me mira con suspicacia. Creo que realmente ha bajado la guardia y se ha dado la oportunidad de conocerme mejor participando activamente en todos mis experimentos. Supongo que empiezo a agradarle un poco. Esta mañana tengo la mala fortuna de encontrarme a Ben en la mesa del desayuno. Lee el periódico, así que sigo de largo ignorándolo de manera intencional. Espero que no se fije en mí, ya que he decidido desayunar en la cocina, como suelo hacerlo todos los días de un tiempo para acá, pero no tengo tanta suerte porque, al notar mi presencia cerca, levanta la vista y me mira levantando una ceja, como si preguntara en silencio por qué aún no me he sentado a comer en el lugar donde se supone debo estar. Hago un mohín interno solo de pensar que es muy temprano para tener que soportar su mierda. Me siento en la silla justo a su izquierda, cruzándome de brazos y haciendo pucheros como una niña pequeña. Entretanto, una de las empleadas que ayudan a Joan con los quehaceres de la casa empieza a servir el desayuno. Me centro en mi comida, la cual pruebo con desgana mientras pienso en lo increíble es que después de amar tanto a una persona su sola presencia te produzca náuseas. "Mentirosa"se burla la voz en mi cabeza que no me da tregua, le blanqueo los ojos tratando de ignorarla. Dobla el periódico que estaba leyendo. Luego de tomar un sorbo de su café, me mira y empieza a hablar: —Emma —veo su cara y me doy cuenta de que se trae algo que no va a gustarme. «¡Ay, no! No, no quiero hacer esto ahora» —Hay un asunto un poco delicado del que debemos hablar. —«¡Mierda! ¿Ahora qué es lo que hice para molestar a su majestad?»—. Como bien sabes, he tratado de unificar las empresas de nuestras respectivas familias y convertirlas en un conglomerado poderoso y productivo, pero… —Creo que escoge las palabras que va a decirme a continuación con demasiada cautela y eso no me gusta ni un poco. Él nunca es tan diplomático o amable conmigo, por lo que empiezo a preocuparme. —No sé qué esperas que haga yo, ya te di todo lo que tenía. Me mira con una expresión un poco burlona que me hace temer por lo que sea que va a decirme. —No tienes ni idea querida. — su sonrisa parece un poco malévola. — Emma, debes tener un hijo. Luego de soltar las palabras, observa detenidamente a la espera de mi reacción, supongo. —¡¿Qué?! Espero por su bien que le haya entendido mal o que todo sea una broma de mal gusto, estoy en shock y creo que incluso tengo la boca abierta. —De preferencia que sea mío —prosigue. Tengo los ojos muy abiertos. No sé si estoy indignada, ofendida o enojada. Tal vez las tres. Siento la sangre subir a mi cabeza, así que arremeto contra él lanzando el vaso de zumo que tengo en las manos sobre su traje caro y me levanto decidida a pelear con todo lo que tengo. —¡Es que te volviste totalmente loco, maldito cerdo arrogante! Le grito muy enojada, Ben tiene una expresión inescrutable en su rostro, como si viera a una niña en la calle hacer una pataleta. —¡¿Cómo mierda se te ocurre que expondría a un bebé inocente a esta locura retorcida que es nuestra vida?! Sonríe y con toda tranquilidad dice como si nada: —Es culpa de tu querido padre que fue quien puso una cláusula ridícula para poder unificar las empresas y convertirlas en lo que tanto he deseado estos años. Debemos tener un lazo de sangre, lo que significa que debemos darle a la familia un heredero, cuanto antes, así que tienes dos meses para tomar una decisión, la cual espero que, como siempre, sea la correcta. Estoy delirando o ¿mi marido me acaba de dar un ultimátum acerca de tener un hijo? ¡No lo puedo creer! ¿Cómo puede estar tan sereno con esa media sonrisa diabólica que siempre tiene? Esa malvada y sensual sonrisa que, aunque lo odie con toda mi alma negra, me destruye las bragas sin compasión… «¡Concéntrate, Emma! Este hombre es el enemigo, una serpiente malvada… una serpiente muy guapa y sensual». ¡Ay, no!, ahora estoy divagando. Logró su cometido que era desestabilizarme el muy desgraciado. Mientras yo libro una guerra interna, él se levanta de la mesa como si nada y dice tranquilamente. —Si me disculpas, ahora debo ir a cambiarme de ropa gracias a tu pequeño berrinche. Veo su espalda alejarse mientras la indignación crece dentro de mí. ¿Cómo se le ocurre pedirme algo como esto solo para lograr sus objetivos financieros? ¿Hasta dónde puede llegar su ambición para considerar esto como algo normal? Estoy tan perdida en mis pensamientos que no escucho llegar a Joan, que trae cara de preocupación. Me dice que escuchó gritos y me pregunta si estoy bien. Le cuento la locura con la que me salió Ben y cómo pretende hacer un negocio con nuestro futuro hijo, pero «¿Por qué siquiera lo considero y hablo de un nosotros?» Creo que Joan está bastante sorprendida. Tal vez esperaba una discusión por algo trivial, pero creo que el loco plan de mi esposo la sorprendió bastante. —Señora Black —dice cautelosa. —Emma —la corrijo. Odio que me llame de esa manera. —Emma, ¿sería tan descabellado que usted y Ben tengan un hijo? «¿Por qué está preguntándome eso?». La miro confundida. —No me malentienda, pero usted siempre estuvo enamorada de él y... —¿Y? —No entiendo a dónde quiere llegar. ¿Qué se trae esta mujer? —Y que tal vez tener un hijo no es una idea tan descabellada, después de todo, usted podría tener lo que siempre soñó, que es pasar el resto de su vida junto al amor de su vida y tener una gran familia junto a él. De verdad que a esta mujer se le aflojaron los cables. ¿Cómo se atreve siquiera a insinuar que yo quiero pasar un minuto más de mi vida con ese bastardo infeliz? Tengo que sacarla de su error. —Joan, hace unos años quizá tuve la esperanza de que él me amara y fuéramos una familia algún día, pero ahora solo quiero terminar con esta farsa —mascullo. Me estudia con detenimiento. —¿Está segura? ¿Está totalmente segura de que ya no ama a este hombre y no desea estar con él nunca más? —No sé qué responderle—. Piénselo, Emma, podría no ser tan malo. Y con estas palabras se retira ordenándole a la servidumbre que recoja el caos que causé en la mesa. «¿Podría yo algún día perdonar a Ben?», me repito esta pregunta varias veces en mi cabeza. Subo a mi habitación a cambiarme de ropa con las palabras de Joan en mi mente. ¿Lo odio o solo estoy enojada con él por lo que sucedió? ¡Dios! ¿Por qué estoy tan confundida? Hace menos de una hora tenía totalmente claro mi futuro, mis sentimientos y el curso de mi vida. Pero como siempre, el hijo de puta con solo unas palabras es capaz de cambiar lo que siento y el curso de mi destino. No puedo creer que alguien con un corazón dulce y una generosidad incomparable se haya convertido en este monstruo ambicioso y manipulador capaz de cualquier cosa. Entiendo que esté molesto por lo que pasó con Madison, pero ¡por favor!, si ella lo hubiera amado tanto lo habría esperado, ¡era solo un año! Dios sabe que yo habría esperado toda mi maldita vida solo porque él me mirara de la manera en que lo hacía con ella. Habría dado un órgano vital porque él tuviera hacia mí la misma devoción que tenía hacia ella. ¡Ni siquiera habían pasado dos meses de nuestro matrimonio y ella ya se había metido en la cama de Chris! Quien, Por cierto, es el primo del supuesto amor de su vida. Ben es tan idiota que no se dio cuenta de que tal vez ella no lo amaba de la misma forma en que él lo hacía, pero no, decidió que yo debía pagar por todo su sufrimiento, cosa que no fue justa, aunque lo mereciera. Pensar que habría dado mi vida porque él me dejara entrar en su corazón. Pienso en todo esto con lágrimas en los ojos. Entonces como una epifanía Me percato de que ahí tengo las respuestas a las preguntas que me hizo Joan.
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