NARRA BRIAN Desperté cuando sentí unos labios sobre los míos, y al abrir los ojos me encontré con el rostro de Francis, observándome con una gran sonrisa. -Buenos días, bello durmiente – me saludó. Noté que estaba vestido elegantemente, como solía vestir en París. -Hola – respondí, sentándome en la cama y dándole un pico en los labios - ¿vas a alguna parte? -Si, por eso me tomé la molestia de despertarte, para poder despedirme – hace una cara que me hizo saber que no estaba muy feliz con tener que salir – lo lamento tanto Brian, te prometí que nada del trabajo debía interferir en nuestra semana juntos, pero créeme que si no fuera importante, te juro que no iría. -¿Y a donde debes ir? – le pregunté. -A Montpellier. Me ha salido un cliente potencial para el negocio del vino – posa s

