Una señora de unos seteinta y punta de años nos abrió la puerta, y sus ojos marrones brillaron al ver a Jeremy, sin siquiera reparar en mi presencia, y extendió los brazos para que su nieto la abrazara, lo cual Jeremy hizo, gustoso. Ambos se saludaron efusivamente y se dijeron cosas en español que no entendí, hasta que al fin Jeremy volvió a mi lado y me hizo notar al fin. La señora me miró de pies a cabeza, con gesto neutral. -Hola, gusto en conocerla – le dije a la señora en mi español básico, tendiéndole la mano para estrechársela. La señora me estrechó la mano sin siquiera mirarme a los ojos y nos hizo espacio para que entráramos a la casa. -¡Primaso! – saludó a Jeremy un chico que aparentaba más o menos su misma edad, abrazándolo fuertemente – oh wow…- dijo, mirándome y soltando

