Ijov miró su reloj, ya era hora, se despidió del guardaespaldas que lo acompañó hasta el club y se montó en su auto para llegar como de costumbre a la reunión de clanes. El lugar estaba apartado de todo, un búnker camuflado como una mina. Puso su dedo índice en el sensor digital para obtener acceso al lugar. —Bienvenido Teufel. —comenta uno de los guardias del lugar. —Gracias, ¿ya todos están abajo? —El hombre asiente—. Perfecto, gracias. Aprieta el botón del ascensor, para entrar en la caja metálica. Una vez en el salón donde se reúnen como de costumbre, es otro mundo, uno lleno de personas perversas que solo piensan en su bienestar sin importarles lo que se lleven a cambio. —Teufel, me alegro verte. —saluda el mayor de los Ibarras. —Sebastian —se funde en un abrazo con el hombr

