—Odio decírtelo, pero Dante odia estar solo —dijo la mujer—. Por eso tiene tantos guardaespaldas, ¿sabes? —¿Lo has visto manejar un arma? —preguntó el guardia de cara aniñada—. Es un tirador excelente. —Definitivamente puede valerse por sí mismo —añadió el otro guardia—. Y, siendo sinceros, nadie está realmente detrás de él. Solo quiere compañía. Lena estuvo a punto de negar con la cabeza y rebatir cada una de sus palabras, pero, pensándolo mejor, lo que decían tenía sentido. Dante la buscaba constantemente, aparecía sin avisar, la sorprendía. Decía que le gustaba pasar tiempo con ella… pero tal vez era porque no tenía a nadie más. —Podría pasar el rato con amigos —dijo Lena—. Quiero decir, en el bar habló con varias personas. Y muchas chicas intentaron bailar con él. —¿Lo ves? —la gu

