—¿Qué pasa? —preguntó Lena, negándose a ignorar la reacción de Dante. —Nada —respondió él. —No. Dímelo —insistió Lena. Dante se acomodó un poco para mirarla de frente. —Es que… no sé cómo decirte esto. —¿Decirme qué? —preguntó ella sin vacilar. —Tu camioneta… No fue algo que Max se inventara. Yo… yo… —¿Tú qué? —espetó Lena, con el presentimiento de que no le iba a gustar la respuesta. —Fui a la camioneta —levantó las manos, como intentando justificarse—. No podía dormir, ¿recuerdas? Fui a tu habitación, pero lo pensé mejor y me di la vuelta. La miró de reojo, preparándose para su reacción. —Pero no fui directo al centro de seguridad. Fui primero a tu camioneta. Hasta ese momento, el rostro de Lena mostraba enojo, pero también curiosidad. —¿Y…? —lo instó. —Vi a Max sacar algo d

