Sin previo aviso, un hombre alto y delgado salió corriendo desde la esquina directo hacia Dante, casi alcanzándolo por detrás. Los guardias, aunque enormes, no reaccionaron con suficiente rapidez. Lena, a solo un paso del lado de Dante, sujetó al atacante por la manga y clavó el tacón en su rodilla. El hombre se dobló de dolor y, aprovechando el momento, Lena le estrelló los brazos sobre la espalda, lanzándolo al suelo. Luego le torció la muñeca detrás de la espalda hasta arrancarle un gruñido. Sus movimientos fueron rápidos y precisos. A pesar de la diferencia de tamaño, logró mantener al hombre bajo control. —¡Lo encontré! —gritó Marcus al salir apresuradamente por la puerta del club. Ese breve instante de distracción le bastó al atacante para soltarse del agarre de Lena. Ella reaccio

