Se colocó junto a Marcus, tratando de ocultar el miedo y el presentimiento que le provocaba la tarea que llevaba planeando durante la última década. Una melodía popular estalló por los parlantes y la gente inundó la pista de baile, rodeando a Dante. Se balanceaban y agitaban como si no tuvieran ninguna preocupación en el mundo, y Lena sintió una punzada de envidia por su despreocupación. Por un momento, mientras divagaba en sus propios pensamientos, perdió de vista a Dante. Luego lo vio abrirse paso entre la multitud. La tomó de la mano con firmeza y la arrastró hacia la pista de baile. Era el último lugar donde quería estar: junto a su enemigo mortal, rodeada de desconocidos ebrios y felices. Quiso golpearlo en el estómago y gritarle que dejara de jalarla, o decirle lo ridícula que se s

