Nadie toca lo mío

1008 Palabras
Luciano recibió el llamado de Gino, estaban en el sótano esperando que él llegara. Sus hombres se distanciaron luego de verificar que Dante y cada uno de ellos habían salido de la mansión. Estaba intentando mantener el control luego de la visita de Dante, sin embargo, la rabia en su cuerpo había crecido inevitablemente. Esperaba el momento en el que Dante se arrodillara ante él pidiéndole perdón, suplicando por su vida… y en ese preciso instante, disfrutaría verlo desangrándose frente a él. Luciano llegó hasta el sótano, con sus pasos firmes, cuando llegó vio como Gino tenía amarrado a uno de sus hombres. Se acercó lo miró de arriba abajo y luego puso la mirada directa en su hombre de confianza. —¿Qué fue lo que sucedió? —cuestionó con voz ronca. —Él… él estaba tocando algo suyo señor. —Luciano giró su rostro lentamente enarcó una de sus cejas esperando una explicación—. Llegué antes de que sucediera. Luciano curvó la comisura y sus labios en una sonrisa, aquel hombre al ver que Luciano estaba riendo lo imitó. —¿Qué es lo gracioso? —preguntó borrando la sonrisa del hombre de inmediato—. Quiero una explicación, una que me haga perdonarte la vida. —Ella señor… ella se me ofreció. Yo solo quería hacerle el favor. —Así que estamos hablando de ella… de mi esposa ¿O me equivoco? —el hombre guardó silencio Luciano le hizo señas a Gino para que caminara hasta donde ellos—. Responde tú… ¿mi esposa fue la que se le ofreció a él? ¿Acaso este hijo de puta se está refiriendo a mi esposa? —Él se está refiriendo a su esposa señor —respondió Gino con total seriedad. —Señor… No, yo no estoy hablando de su esposa —de inmediato el hombre intervino mientras que un tono cargado de nerviosismo salía de su boca—. Yo estoy hablando de la mugrosa que se atrevió a robarlo. —La mugrosa dices… —Sí, así es señor. No voy a permitir que ella se saliera con la suya adicional… se ofreció a mí, se notaba que le faltaba un buen macho. Luciano comenzó a reír de nuevo, el hombre lo hizo junto a él. —Y no solo eso señor ella… esa mujer intenta escapar, solo evite que ella lo hiciera. —Gino, tráeme a Aurora. Quiero que esté aquí lo más pronto posible. Gino asintió con su cabeza y salió en búsqueda de Aurora. Luciano lo miró con desdén, no le gustaba salirse de sus cabales con facilidad, pero cuando le tocaba no había forma de que eso cambiara. Aurora abrió sus ojos con miedo realmente aterrada cuando vio a Gino entrar a la habitación. Ella retrocedió cuando no toque él tenía un arma entre sus manos. —Vendrás conmigo. —Yo… yo no sé lo que le dijo ese hombre, pero le aseguro que yo no tuve la culpa… yo no estaba intentando hacer nada. Gino le apuntó con el arma mientras le hizo señas que se levantará de la cama. —Vendrás conmigo. El jefe te necesita. Ella sintió pánico al escucharlo. En donde Luciano se enterará que ella intentó escapar… nada bueno saldría de eso. —¿Qué esperas para hacerlo? No tengo tiempo ni ganas de esperar a que decidas. ¡Es una orden! Y antes de que digas algo no tienes otra opción. Ella con sus pasos temblorosos se posó de pie bajo de la cama, mientras caminaba al lado de Gino, solo podía pensar en su mala suerte y sobre todo en sus malas decisiones. Llegó hasta el sótano y el olor a nauseabundo la golpeó de frente. Manchas de sangre secas caían sobre la pared y marcas de uñas que no dejaban mucho a la imaginación de lo que posiblemente había pasado ahí. —Bienvenida —ella escuchó la voz ronca de Luciano. Ella se sobresaltó cuando vio al hombre atado… definitivamente ese era el momento en aquella seguramente iba a morir. —Quiero que respondas algo Aurora… ¿Quiero que nos digas tú quién eres aquí en esta casa… tú quién eres en mi vida? Ella con temor lo miró, ¿De qué se trataba todo? —Responde Aurora, no tengo tiempo. —Soy… ¿Tu esposa? —ella respondió tartamudeando. Convencida de que esa respuesta podría salvarla o… matarla con mayor facilidad. Luciano se giró mirando al hombre quien palideció de inmediato. —¿Escuchaste lo que dijo? Ella es mi esposa… mi esposa y tú la tocaste. —Ella… ella se… Luciano lo siseó. De nuevo puso su mirada directo en ella. —¿Siendo mi esposa te ofreciste a él? Responde maldita sea —él subió su voz—. Todo esto me está hartando y mi paciencia se está acabando con facilidad. —No. Jamás lo hice. Jamás me ofrecería a un hombre tan asqueroso como él. Ella conectó la mirada con Luciano. Esa mirada que le dejó claro que no estaba mintiendo. —¡Maldita perra mentirosa! —Luciano lo escucho sacó su arma y le disparó en una de sus pies. —Cuida tus palabras cuando te refieras a ella. Mientras ella tenga el título de mi esposa, ningún hijo de puta le faltara al respeto. Aurora bajo la guardia al escucharlo, no esperaba esas palabras… y eso sin duda la ponía nerviosa. —Señor, yo solo estaba evitando que estaba mujer escapara sin pagar el dinero que le debe. Yo solo quise hacer bien mi trabajo. —¿Tocándola, intentando ser el macho que a ella le hace falta? Cometiste un terrible error, desde hace rato re venía perdonando tus faltas, pero esta… esta fue la última vez que te equivocas. Nadie toca lo que es mío y vive para contarlo. Luciano levantó el arma una vez, tan solo podía escuchar los lamentos y las súplicas por parte de él. Y sin darle más tiempo jaló el gatillo, haciendo que la bala atravesaras su cabeza
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