Uno solo

1136 Palabras

El sol comenzaba a descender sobre, tiñendo el cielo de un color ámbar que parecía bendecir la propiedad de los Costello. No era una boda común, no podía serlo. El mundo exterior era un lugar de sombras y deudas de sangre, pero dentro de los muros de la mansión, Luciano había arreglado todo para que ese día fuera perfecto para ella. Miles de rosas blancas y jazmines importados de la costa trepaban por las columnas de mármol, creando una fragancia embriagadora que borraba cualquier rastro del olor a pólvora que solía impregnar el aire. El jardín se había transformado en un santuario privado. No había extraños, solo estaban ellos, protegidos por un anillo de hombres leales que vigilaban que todo saliera bien y que nadie se infiltrara en la boda. Luciano esperaba frente al altar de pie

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