A veces hay días en los que el silencio abunda y se convierte en rey del momento. En diversas oportunidades no hay que decir y hablar solo podría empeorarlo todo. El silencio es aquello tan ambiguo y disparejo que tiene la vida, hay silencios que son tortura, y otros que nos dan paz. En la habitación 2D del hospital de São Paulo reinaba el silencio, yo estaba sentada frente a mi esposa mientras está se retorcía de dolor, solo podía observar mientras ella sufría, sostuve su mano aún más fuerte que antes y aunque deseaba decir mil palabras por segundo ninguna de ellas salió en libertad, no había nada más que decir, solo esperar que el destino alguna vez juegue en mi favor. Es abrumador pensar que tan solo un piso más arriba estaba Lucia completamente sedada en la cama de un hospital, mient

