No podía dejar de observar la pantalla, o mejor dicho a aquella mujer. Lorenzo había conseguido una imagen de la señora que esta tarde me amenazó y aunque no podía ver con detalle su rostro, ya que la calidad de las cámaras no son las mejores, según me dijo mi cuñado, es por eso que apenas si podíamos divisar quien era la persona y de que aquella imagen poco servirá para reconocerla, sin embargo, al joven que aquella mujer secuestro era fácil de observar. Tomé mi teléfono y volví a mensajear a Eva, quien no solo no atiende mis llamadas, sino que ahora también parece ignorar mis mensajes. “Por favor, ven a verme, es importante”, envié aquel mensaje y luego me recosté sobre el sillón. No podía apartar mis ojos de la pantalla cuanto noté que hacía tiempo que no había subido a ver como se en

