NARRA TERESA. La mañana de un lunes suele ser tranquila, diría que hasta un poco aburrida. Sin embargo esté lunes sería distinto para Gio. Estábamos estacionados a unos escasos metros de la capilla y desde aquí podíamos ver a dos hombres, cada cual en sus motocicletas a la espera de alguien, estimaba que de su líder. –Decía la verdad –dije mirando aquella escena. –Quítale esa maldita capucha al inútil ese, que al menos no es ningún mentiroso–ordené mirando hacia uno de mis hombres, el cual había cubierto la cabeza de Luca con una bolsa de tela. –Por favor, no me mate – rogó Luca, apenas fue libre de aquel bolso mientras yo negaba. –Tranquilo, aún estás con vida. De hecho tenías razón y aquí está tu antiguo líder –contesté señalando hacia el frente. –¿Eso te pone feliz, no es así? –pre

