ELIZA Una vez que llegamos a casa de Mario, me pude percatar de lo exageradamente millonario que es. Su propiedad tenía unos cuantos muchos metros cuadrados, muy bien distribuidos, su mansión era gigante, solo para que viva una sola persona. Bueno, en realidad, debe de contar con bastante servidumbre para mantenerla impecable. Me invito a pasar, supongo que mi cara de asombro al ver semejante mansión debió de haberle causado bastante gracia. —¿Entramos? —pregunto con una sonrisa socarrona. —¡Oh sí!, lo siento, la verdad es que jamás había visto una mansión de semejante tamaño —soltó una carcajada— no te burles —espeté. —No me estoy burlando, es solo que la mayoría de las personas que me han visitado, solo se han dedicado a observar, eres la primera en hablar por todos. —Será mejor qu

