CLAUDIA Trague varias veces, quería imaginar que mi conciencia estaba causando ciertos estragos en mí o de plano era un maldito sueño, demasiado real para ser cierto. Además, el bastardo resulto no ser el bastardo, en realidad, entonces, ¿Eliza me engaño?, pero todas las palabras que dijo sonaron tan convincentes, yo misma la vi y escuché, me suplico que se lo devolviera, que no le hiciera ningún daño, quizá este imbécil rescató al engendro, aunque habría alardeado de ello. No entiendo cómo es que se enteró de la verdad, ¿sabrá que Eliza es en realidad su nieta, que ese bastardo incluso lleva su sangre?, ¿Quién le dijo la verdad?, ¿por qué después de todos estos años?, no puede ser, esto tiene que ser una mentira, tiene que serlo. —¡Ay, Claudia, Claudia!, aún recuerdo cuando te presentas

