~Narra Alice~
Luego de dejar las maletas y llenar los papeles necesarios me indicaron que debía quedarme en la sala de espera, así que me senté intentando ponerme cómoda y tomé mi celular para matar el tiempo.
Cuando al fin era la hora de abordar me senté en mi lugar - junto a la ventana - por suerte era la fila de dos asientos y después de que todos habían abordado no había nadie sentado junto a mí, eso me alegró de sobre manera.
Estaba dejando atrás todo lo que me impedía ser quién realmente quería ser y se sentía raro, me llegué a acostumbrar al hecho de no poder ser yo y estuve a punto de rendirme, pero siempre llegaba alguien para apoyarme, aunque suene tonto e infantil, uno de los que más me ayudó fue Michael Davies, el ver cómo había tenido éxito, cómo había crecido como actor y superado tantas cosas me hizo darme cuenta que en realidad era posible, difícil, pero no imposible, así que decidí no renunciar a eso sin importar qué debería hacer para lograrlo... Y eso me llevó a ese momento, acercándome un poco más a cumplir ese sueño por el que tanto había esperado y luchado.
Me quedé dormida cuando habían pasado más o menos tres horas del vuelo y me desperté faltando exactamente una hora para aterrizar, esa hora la sentí eterna porque no podía hacer nada excepto desear que el tiempo pasara más rápido. Apenas salí del avión me dirigí a recoger mi equipaje mientras revisaba mi celular esperando que se conectara al Wi-fi del aeropuerto para poder revisar si tenía algún mensaje.
Apenas mi teléfono se conectó al Wi-fi empezó a sonar como loco indicando una gran cantidad de mensajes y la mayoría eran de Dominic Davies.
Dominic Davies: Buenos días, espero que el vuelo haya estado bien, por motivos de mi trabajo me será imposible recogerte del aeropuerto yo mismo, pero uno de los gemelos irá a recogerte. Y Lamento informarte esto pero confundieron los días de tu estadía en el hotel, intenté comunicarme para arreglarlo pero no fue posible. Lamento el inconveniente, apenas logre resolverlo te lo informo.
Al leer los mensajes maldije internamente preguntándole al universo porqué tenía que pasarme eso a mí, pero estaba fuera de mi control, entonces decidí pensar en cuál de los gemelos podría ir a recogerme, sería raro estar con uno de ellos; sí, eran solo personas pero ¡Por amor a Dios! Eran Davies, no podía actuar normal sabiendo que iba a estar de frente a frente con uno de ellos, el verlos en fotos o en algún video o entrevista me daba suficientes problemas ¿Qué me iba a pasar estando en persona con uno de ellos?
Es cierto que en realidad era fan de Michael, pero sus hermanos igual eran lindos - y no hablo de solo físicamente - Harrison, el gemelo mayor por como diez minutos, era demasiado ocurrente, pasaba compartiendo fotos y videos que él mismo tomaba, era un director y fotógrafo increíble, supuestamente era el gemelo tranquilo y alguien en quién se podía confiar con los ojos cerrados, John por otro lado era algo más tierno, por las cosas que había visto era muy bromista y vengativo, obviamente era el gemelo loco e hiperactivo y estaba muy orgulloso de su familia, en especial de Michael.
Cabe hacer la aclaración que ellos eran gemelos idénticos, de piel pálida, cabello pelirrojo, llenos de pecas y ojos azules, lo único que hacía posible diferenciarlos era que el cabello de Harrison era mucho más colocho que el de John, fuera de eso eran iguales.
Después de recoger mis maletas empecé a caminar lentamente hacia la salida del aeropuerto buscando con mi mirada a John o Harrison; al cabo de unos cinco minutos vi a Harrison Davies de pie entre un montón de gente sosteniendo una cartel con mi nombre, me detuve en seco no muy segura de cómo acercarme a él, y Harrison pareció sentir mi presencia porque después de unos segundos de mirar hacia todos lados sus ojos se detuvieron en los míos, ante eso le dediqué una sonrisa tímida y me acerqué a él.
- Alice Walsh ¿Cierto? - Preguntó mirándome con un poco de duda en sus ojos
- Sí, esa soy yo - le respondí nerviosa
- Es un gusto conocerte, soy Harrison Davies... ¿Nos vamos? - Se hizo hacia un lado y con una de sus manos me indica el camino hacia la salida
Caminamos un poco cuando sentí que tomó mi maleta y no espero que yo negara ni aceptara su ayuda cuando ya la tenía él en su mano, me guió hasta la salida y luego al parqueo, nos detuvimos frente a un automóvil n***o - era algo lujoso pero tampoco demasiado exagerado - él sacó las llaves y abrió la cajuela para luego colocar mis maletas dentro, abrió la puerta del copiloto y me indicó que entrara, lo hice y unos segundos después él ya estaba sentado detrás del volante arrancando el auto.
- Papá me dijo lo del hotel - dijo Harrison rompiendo el silencio que ya se estaba volviendo algo incómodo, llevábamos unos cinco minutos de recorrido y yo no había logrado encontrar qué decir
- Sí... No estoy segura dónde me tendré que quedar hasta que una habitación esté disponible
- Por eso no te preocupes, al menos hoy te quedarás en nuestra casa, luego te ayudaremos a buscar una habitación en algún hotel
- Sí está bien grac... ¿¡Qué me quedaré dónde!? - Harrison me dedicó una mirada extraña, como si estuviera tratando de averiguar porque reaccioné así
- Sí, no conoces el país, mi papá es tu "Contacto" - dijo haciendo comillas con una mano - técnicamente es responsable de ti, así que nos pidió que te acogiéramos en casa hasta que lograra arreglar lo del hotel
- No no no no, de ninguna forma no puedo aceptar ya he molestado demasiado al Señor Davies, quedarme en su casa es mucho...
No... No está bien - dije muy rápido, cosa que hacía cuando estaba nerviosa, por lo que pareció que Harrison no me entendió ya que me estaba mirando con el ceño fruncido bastante confundido
- Te vas a quedar con nosotros, mis papás no aceptarán un no por respuesta, y además ¡Me matarían si te dejo en alguna parte y algo te pasa! Así que por favor evita que me asesinen - dijo juntando sus manos como si estuviera rogando e hizo unos ojos de cachorrito muy convincentes
- Está bien... Pero solo hasta que se arregle lo del hotel, no quiero incomodar a tu familia de ninguna forma
- Perfecto - dijo con una sonrisa
Los minutos pasaron y yo iba viendo todo a mi alrededor, era muy lindo, diferente y completamente nuevo para mí, siendo sincera me encantaba. De repente Harrison frenó el auto y yo me volví hacia él.
- Bienvenida a Kingston - dijo con una sonrisa
Nos bajamos del auto y él me ayudó con mis maletas, me detuve en la acera viendo hacia una casa relativamente grande color crema, era de ese hermoso y clásico diseño de las casas algo antiguas de Inglaterra y Europa en general - me encantaba - mientras admiraba la casa Harrison apareció junto a mí llevando mi maleta grande, colocó una mano en mi espalda indicándome que caminara hacia la entrada, se detuvo para sacar las llaves y luego abrió la puerta completamente dejándome ver el interior, de seguro tenía una expresión de asombro porque él se me quedó viendo como si fuera una niña, luego se hizo a un lado dándome a entender que entrara y así lo hice.
Caminé dentro de la casa viendo un sofá bastante grande y un mueble con un televisor al frente de este, volví a ver hacia la puerta cuando escuché que se cerró y cuando intenté seguir caminando algo me golpeó haciéndome caer sentada al suelo; una vez en el suelo sentí algo húmedo en mi rostro y me asusté un poco al encontrarme con un perro n***o sobre mí.
- No Judss... ¡Judith! - Grita Harrison tratando de quitármela de encima aunque sin éxito, en eso escucho a alguien que se acerca corriendo
- ¡Judith ya basta! - Ella se alejó de mí y me miró inclinando su cabeza hacia un lado
En seguida sentí a Harrison tomándome del brazo para ayudarme a levantarme.
- Perdón ella no suele ser así - dijo algo apenado y rascando su nuca nerviosamente - debió pensar que eras Michael, John llévala afuera por favor te hace más caso a ti
- Tranquilo - dije agachándome junto a Judith que seguía mirándome, me acerqué y le acaricié en la cabeza - ella es muy tierna
- Wow... No te da miedo - dijo John, quien no había notado que estaba atrás de Harrison
- No... Siempre me han gustado los perros - dije acariciándola
Me levanté y miré a los gemelos - que estaban mirándonos a Judith y a mí - de repente Harrison le dio un codazo a John y me señaló con la cabeza, por lo que me reí ligeramente.