C10

1901 Palabras
No me lo pensé dos veces para irme con él en su auto, a pensar de que aún me faltaban horas de trabajo, sentía la necesidad de irme con él. Maldita sea, parezco una adolescente de quince. Debo explicarle a Joey mi repentina ausencia, pero no sé por dónde podría empezar a mentir sobre ello. Es que necesito respuestas sobre lo que esta sucediendo con esa detestable mujer, necesito entender a lo que me estoy enfrentando o de lo contrario caeré sin dar pelea. Esta más que claro que tiene una obsesión con Gabriel, pero eso no explica porque conoce la fecha en la que él murió. Un turbio pensamiento ha estado rondando desde hace rato mi cabeza y he intentado hacerlo desaparecer, pero entre más trato, más crece en mi cabeza. Es que es poco probable que ella le haya contado a Gabriel sobre ese dieciséis de septiembre. Es imposible. Mientras camino atrás de él por el camino que lleva a la entrada de su casa, las ganas de preguntar si sabe algo aumentan terriblemente. Es probable que se dé cuenta si le pregunto sobre algo que no sabía, pero si le pregunto y lo sabe, contestará a mi duda. -Valeria...-clavo la mirada rápidamente en él. No me di cuenta que me estaba mirando.-tengo que trabajar un rato en el estudio, pero siéntase libre de ponerse cómoda...-dice antes de dar media vuelta y ponerse a caminar hacia su estudio. Necesito saberlo, necesito saber si él lo sabe. -Gabriel...-avanzo hasta quedar frente a él. Siento el cuerpo pesado y la garganta seca.-yo...-me cuesta demasiado decirle lo que atormenta a mi cabeza. -Descuide, ya hablaremos durante la cena...-eso me saca completamente de órbita. Su nana dijo que él jamás come en la cocina. ¿Por qué de repente? Quise preguntarle, pero se metió al estudio tan deprisa que no me dio ni tiempo de decir media palabra. Debo aprender a articular palabra cada vez que me hunda en un pensamiento o una idea que involucra a Gabriel. Avanzo hacia la escalera con la intención de ir a la habitación en la que he dormido un par de veces, pero me detengo de golpe en cuanto veo pasar a su nana por la entrada de la cocina. No d***o ir a meterme a la habitación todo el rato mientras Gabriel trabaja, no cuando tengo una excelente fuente de información frente a mis narices. Avanzo lentamente hacia la cocina, pero no entro completamente, sino que me quedo de pie en la entrada. Su nana es una mujer bastante trabajadora y perfeccionista, lo noto por la forma en la que arregla esas flores en ese florero. Sin embargo, si se observa su rostro con atención, se puede ver que algo la atormenta. -Disculpe...-alza la mirada y la desvía hacia mí. Quizá sean los años los que le han traído tristeza o quizá es un secreto que la atormenta cuando tiene oportunidad.-¿le importa si la acompaño?...-su ceño se relaja ligeramente y un atisbo de sonrisa aparece en sus labios. Parece que no le desagrado tanto. -¿Desea algo de comer?...-me dice cuando tomo asiento en el banco frente a ella. Me pregunto cuantas veces tuvo que preguntar eso a todas esas mujeres que han venido para acostarse con Gabriel. -No, no se preocupe...-digo con una pequeña sonrisa. Desearía que no tuviera la impresión de que soy una más en la lista, pero si trabajara para Gabriel, yo también pensaría eso de mí.-son hermosas...-digo observando el rojo de los pétalos de las rosas que acomoda en el florero. Siempre me han gustado las rosas, pero el rojo con el que están pintados sus pétalos me recuerdan a la sangre y sangre es lo único que he visto en mi vida. -El jardín del amo esta lleno de ellas...-clavo la mirada en sus ojos. Que curioso que de todas las flores del mundo, Gabriel haya escogido las rosas.-son sus flores favoritas...-un dato más de Gabriel que me emociona saber, pero que a la vez me parece muy insignificante. A veces creo entender mucho sobre él, pero cuando pasan cosas como esta que sucedió hoy en la cafetería, me doy cuenta que no sé una m****a de él y que no desea dejarme saber cosas sobre sí mismo que lo pongan en desventaja. Desearía poder darme ese lujo, pero él ya debe de saber mucho sobre mi. -¿No cree usted que los pétalos de las rosas contienen el color rojo más parecido a la sangre?...-no me lo pensé mucho para escupir esa preguntar que podría ser tomada como un indicio de locura total. Clavo los ojos en los suyos y me llevo la sorpresa de que no hay temor o repugnancia en ellos, sino más bien calidez. -Mi abuela solía decir que solo quienes han pasado por un mar de tristeza y dolor, logran ver crudeza en el color de las flores...-trago una roca de saliva antes de mirarla a los ojos. Un mar de tristeza y dolor. -Para una persona de lo bajo como yo, pasar por un mar de tristeza y dolor es como el pan de cada día...-espero que mi intento por restarle importancia al dolor de resultados positivos. -Valeria...-dice ella sosteniendo mi mano con firmeza. Por la expresión de tristeza que tiene en su rostro, diría que mi intento por encubrir no funcionó.-tu vida ya ha sido lo suficientemente dura...-ella baja la mirada a mi brazo y observa el sitio donde la madrastra de Gabriel me ha dejado una marca. Sigo sin entender cómo demonios lo hizo.-sal de aquí antes de que seas consumida por ella...-el sonido de las puertas del ascensor abriéndose me hacen saltar sobre el banco y ponerme alerta. Si es esa mujer, estaré perdida.-escondase...-bajo del banco de un salto y rápidamente me escondo bajo la mesa. Si es esa mujer, estaré frita. El sonido de mi corazón bombeando a toda máquina no me impide escuchar los pasos del individuo y gracias a ello, me doy cuenta de inmediato que son pasos de hombre y no de mujer. Gracias al cielo por el invitado masculino. -Valeria...-gateo un poco hasta llegar al extremo del lado derecho de la mesa y así poder mirar mejor al individuo que ha dicho mi nombre con voz bastante agitada. Un agitado Samuel viene entrando a la cocina, con el pecho subiendo frenéticamente y los ojos bailando de un lado a otro. -¿Señor Dobrev?...-sus ojos se clavan directamente en los míos y sin pensarlo dos veces, camina rápidamente hacia mí. Siento una daga atravesando mi corazón y no sé porqué.-creí que ust...-no me da tiempo de decir ni media frase porque me envuelve con sus brazos y me aprieta contra su cuerpo. ¿Qué demonios? Mi cabeza y mi cuerpo se han quedado en blanco de golpe. Debo aceptar que aunque me ha tomado completamente desprevenida, admito que este abrazo no me desagrada del todo, pero si me asusta tremendamente. -Me asusté como la mierda...-dice antes de apartarse ligeramente de mí. Estoy tan confundida que no sé que debería responder.-creí que e...-en el instante en el que sus ojos se clavan en mi cuello, las palabras dejan de salir de sus labios. Su extraño comportamiento se ha vuelto tenebroso en un dos por tres. -Su advertencia ha llamado la atención de más de una persona, pero yo sigo sin saber a que demonios me enfrento o lo que significa...-sus ojos suben y se clavan en los míos. No entiendo nada, pero ellos parecen saber todo y no me dicen nada. -Significa que a la primera persona a la que va a a****r es a usted...-dice Gabriel entrando a la cocina a paso lento y pesado. Me alejo de Samuel para acercarme a él. -¿Por qué ella me atacaría si no le he hecho nada?...-no tiene sentido ni lógica que me ataque. Sé que ella ahora mismo debe estar muriendo de celos o alguna m****a así, pero no tiene sentido que lleve las cosas a un extremo. -No hace falta saber el porqué sino el cuando, el donde y el cómo...-mi sangre parece haber detenido su curso por mi cuerpo porque he empezado a sentir frío. -¿Cómo podríamos averiguar eso?...-necesito saber a que me enfrento y si hay una forma de evitarlo. Todo por una maldita vieja loca y obsesionada con su hijastro. -Fingiendo...-dice Samuel como si eso respondiera a mi pregunta. Giro en mi sitio para mirarlo. -¿Fingiendo que?...-lo único que podría fingir es mi muerte, si no es que muero de verdad antes de intentar fingirla. El avanza lentamente hacia mí, con sus ojos pegados a los míos y ese extraño aura que me pone ligeramente nerviosa. Parece que estos dos ya idearon un plan y yo tengo un papel en el. -Debe fingir que posee lo que ella desea...-dice Gabriel a mi espalda. Cuando giro ligeramente para mirarlo, me doy cuenta que ambos están avanzando hacia mí muy lentamente. -¿Y que es lo que desea?...-esa maldita mujer debe desear muchas cosas y una de esas es Gabriel, pero no comprendo a que se refiere estos dos. -A Gabriel...-dice Samuel para atraer mi mirada hacia él. Sin darme cuenta, he empezado a retroceder al mismo paso con el que ellos se acercan a mí.-desea volver a tener el control de este hombre, pero como él se niega a dárselo, ella cree que usted es la responsable de ello y desea quitarla del camino a como dé...-cuando mi t*****o pega contra la mesa, termino de entender lo que debo fingir frente a esa mujer. -Y lo que debo fingir es que Gabriel y yo...-cuando clavo la mirada en él, ese azul grisáceo parece más profundo y oscuro que antes. Me pregunto que pensará él de todo esto. -Exacto, ustedes dos tendrán que volverse novios...-dice Samuel terminando la oración por mí. Así que más que pretender ser algo frente a un m*****o ex como Kaan, debo hacerme novia del seductor más grande de la ciudad para parar a una maldita demente que lo desea a más no poder.-y ahora si me disculpan, debo volver a trabajar...-avanza unos pasos hasta quedar frente a ambos. Este plan es una mierda.-estoy seguro de que ustedes van a hacer un espectáculo que calentará la sangre de quien los mire, pero deben recordar que su objetivo no es calentar a nadie, sino derrotarla y para lograrlo, tienen que trabajar juntos...-clavo los ojos en Gabriel. En eso Samuel tiene razón, para acabar con las personas que d***o, necesito ayuda de Gabriel y él necesita la mía para acabar con esa mujer. Nos necesitamos y no tenemos otra opción que trabajar arduamente para lograr los objetivos. Sin embargo, hay algo en este hombre que todavía me inquieta y me hacen agachar la cabeza, algo que me hiela la sangre y me la calienta en un dos por tres. Eso por no mencionar que me resulta malditamente familiar y no dejo de recordar cuando Nath me dijo que este hombre le resultaba familiar. Es posible que todas las respuestas estén en mi archivo y en dos días, lo tendré en mis manos. En dos días sabré lo que sucede con este hombre y el porqué de su extraño miedo a que yo averigüe la verdad. Hasta entonces, debo actuar como si no esperara nada y fingir estar de acuerdo con el plan
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