—Chris, por favor— reacomoda su mano sobre mi brazo, pero esta vez, con más ternura. —No quiero que nuestra amistad se acabe. Se me ponen los ojos vidriosos y se me crea un tarugo en el cuello. —No tenías derecho a tratarme de esa manera. —Lo sé, fui un imbécil, pero es que no soporto que esos idiotas te traten de esa manera, como si fueras invisible — me mira expectante. —Tan solo quiero arreglar las cosas y no las vamos a arreglar evitándonos. Por favor, te quiero de vuelta. Y fue esa última frase la que me conmovió a darle por pisado al pasado. —Está bien— levanto mis brazos para refugiar su embocadura con mis suaves manos. —Estoy dispuesta a perdonarte porque en verdad, sé que te necesito y te entiendo, son unos idiotas, pero solamente yo tengo que llevar este asunto, nadie más. —E

