Capítulo 26

4098 Palabras

En dos zancadas me escondí tras el cortinaje, innegablemente me había ojeado espiándole. Al oír la corredura de sus cortinas, me asome con cautela, ya podía irme sin mácula, el ya no estaba allí. Adam tiene ojos acuarela, una corporación bien recalcada y una melena castaña. Me gusta su temple, pero eso ya ha dejado de importar, ya ni siquiera me recuerda o al menos no intenta hacerlo. La última vez que nos vimos fue mucho antes del divorcio, Adam tenía esta reputación del chico despreocupado e imperturbable que, sin lugar a duda, me agradaba. Pero, supongo que al pasar de los años ya no podríamos reconocernos el uno al otro. Ya habíamos madurado y las cosas de críos, se olvidan como el pensamiento.   Le arranca el labial a Sabine y lo introduce en su bolsa. —No quiero que tomes prestad

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