Annelise: Angelo se paró frente a mi y con suavidad quitó la toalla que estaba en mi cuerpo, miraba mi cuerpo sin pudor alguno y sonreia de lado, esa sonrisa que sólo lograba mojarme hasta no decir basta. Acaricio mis labios con sus dedos haciendome estremecer hasta los huesos, luego se quitó su camisa dejandome ver sus enormes brazos llenos de venas y tatuajes, su pecho enorme y sus hermosos cuadritos que me hacian enloquecer. -No sabes lo que me fascina que me mires asi nena -decía con voz ronca en mi oído- apuesto a que ahora mismo estas mojada para tu señor.. ¿Verdad pequeña Annelise? -asentí- Quiero oirte nena. -Si, señor -hablé con voz temblorosa. Luego Luciano entró a la habitación con algo en sus manos ¿en que momento salió? Lo que sea que tenia en sus manos las lanzó a la cama

