Los meses del embarazo están llegando a su fin, Aby desea que la tortura termine pronto, este último mes lo siente una eternidad, con las noches sin poder dormir. Ella se queja mucho en las noches que si no es la espalda son los pies, Sergey está a punto de cambiar de habitación para que ella duerma más cómodamente, pero está bajo amenaza que si abandona el barco es hombre frito. —Cariño, despierta. —¿Qué pasa amor? —No puedo dormir siento que me ahogo. —Te pondré más almohadas, te sientes más cómoda. —No, no me siento cómoda, ayúdame a levantarme. —Apenas son las dos de la madrugada. Quieres que despierte al médico. —Quien se está quedando en la mansión del anciano por petición de Sergey. —Lo sé, ¿Acaso el médico es mi marido? Simplemente, quiero que me acompañes en mi delirio. —

