Quería seguir contando mis travesuras de infancia. Un día, miro a mis hermanos y les digo que tienen el cabello largo. Ellos me dicen: "No nos cortes el cabello". A pesar de sus miedos, les aseguro que sé cortar el cabello y que les quedará bien. Primero fue Eduardo, al que le corté el flequillo arriba de la frente y su nuca parecía una escalera. Luego fue Federico, mi hermano menor, al que también le hice el mismo corte. Cuando mamá se levantó de la siesta, vio a mis hermanos y tuvo un ataque de nervios. Nuevamente, Rodolfo a la calle para evitar represalias del peluquero. A esperar a papá que me salvara. Siempre recordaré con cariño a mi papá, un hombre amoroso con sus hijos y mi mamá.
En otro día cualquiera, al ver a los chicos del barrio en casa, mamá decide formar un equipo de fútbol llamado "El Ciclón". Ella, experta en la máquina de coser Singer, remendaba nuestra ropa. Recuerdo los nombres de mis compañeros y las emocionantes partidas en el barrio. Papá, en un momento, se unió al juego y comenzó a dar indicaciones desde la línea lateral, lo que generó un histórico enfrentamiento con mamá sobre quién era el técnico. Mamá sufría de nefritis crónica, lo que la llevaba a períodos de cama. Durante una recaída, la internaron, y fue un tiempo difícil para la familia.
Mis tíos y abuelos maternos nos ayudaron económicamente y nos llevaron a vivir con ellos. Cambiamos de colegio y, tras una cirugía de mamá, finalmente volvimos a nuestra casa con techo de chapa. Papá, con esfuerzo, le puso techo de loza. Regresamos al barrio de gente obrera, a ver a nuestros queridos vecinos y, especialmente, a nuestro colegio.
A la salida del colegio, Federico solía meterse en peleas con otros chicos del barrio. Aunque ya mostraba un carácter fuerte, siempre estaba alerta para cuidar a sus hermanos.