Gusion, el duque honesto.

1197 Palabras
El oficial Milton miro directamente a los ojos de Jacob, soltando una pequeña risa nerviosa mientras movía su cabeza de un lado a otro en signo de negación, observó al suelo de la patrulla y nuevamente dirigió su mirar a los ojos de Asmodeo, quien se encontraba muy serio con respecto a lo mencionado anteriormente. «¿Me estas diciendo la verdad?» Milton trataba de maquinar sobre todas las cosas ocurridas en presencia de Eván y Jacob. Lo anormal rodeaba a los jóvenes, ciertamente todo parecía un asunto paranormal y Milton era escéptico pero decidió continuar con el interrogatorio. —¿Por qué están aquí? —Preguntó Milton. —Estamos aquí, participando en los grandes juegos infernales. —respondió el príncipe infernal. —¿Qué es eso? —Satanás desea dar la oportunidad a un solo demonio la posibilidad de convertirse en el nuevo señor del infierno. —Cerro sus ojos unos segundos, inhalando y exhalando para continuar con la conversación. —Por esa razón, decidió crear los grandes juegos infernales. Donde nosotros los demonios lucharemos por su título. —Me estás diciendo que ¡¿Satán se retira?! —Exclamó Milton. —No del todo, él también participa en estos juegos —. Milton, miró fijamente los ojos negros del demonio. Él era policía y escéptico, pero todo lo visto le hizo dudar de su escepticismo. —Cedric y Eván… ¿También son demonios?—. —Solo Cédric, Eván es brujo. —Milton miró fijamente los ojos del oficial Cédric Griffin, quien afirmó con su cabeza que aquello era verdad. Al llegar al hospital, Abrahams fue internado, y recibiría atención médica prontamente. Ya en la habitación, Milton mantuvo el silencio, Cédric Griffin tomaba la mano de Mikael mientras el se encontraba en cama, aún inconsciente pero luego de algunos minutos el abrió sus ojos. —Me duele la cabeza ¿Qué sucedió –Inquirió Mikael Abrahams. —Fuimos atacados por otro demonio — respondió Cédric. Aliviado de que su amado se encontrará bien, dando un beso en la mano que sujetaba. Mikael observó a su lado, y allí se encontraba el oficial Milton, Mikael Abrahams abrió sus ojos de par en par, ya que no sabía que ya el policía sabía el secreto de todos ellos. —No te preocupes el oficial Milton ya sabe la verdad — aclaró el duque infernal. Pronto, la puerta donde de la habitación fue tocada y allí entró un enfermero, tenía una barba prolija y unos hermosos cabellos dorados ondulados. Al instante Asmodeo y Bathin sintieron que aquel enfermero no era común, se trataba de otro demonio. Pero cuando se disponían a atacar, fue detenido rápidamente por él. —No estoy aquí para luchar contra ustedes —aclaró. —Soy enfermero en este lugar, y vengo a medicar al paciente. Ni Asmodeo y Bathin confiaban en el enfermero, era un demonio que seguramente competía por el título infernal y asesinar a Mikael sería muy fácil para él. —¿Por qué confiaríamos en ti? —inquirió Bathin. —No tienes porque hacerlo, solo hago mi trabajo —contesto el bello demonio de rizos dorados. —¿Qué demonio eres? —preguntó Asmodeo. El demonio miro con sus ojos celestes directamente a los ojos de Asmodeo y respondió. —Gusion, gran duque del infierno —Asmodeo y Bathin sabían que clase de demonio era, no era uno de los demonios más crueles, más bien era capaz de reconciliar amigos y no solo eso, era de los demonios más honestos del infierno. —¿Participas en los grandes juegos infernales? —Todos estamos invitados a participar, pero no soy muy bueno peleando —él comenzó a reír de forma muy dulce, y antes de colocar la medicación, Eván Harvey se aseguró como médico de que fuera la correcta, no deseaban perder un aliado. Y seguidamente Gasion coloco la medicación a Mikael para el dolor que sentía. —Se que tuvieron algunos altercados, la verdad tuvieron mucha suerte —explicó Gusion. –Listo, con eso te sentirás mejor muy pronto —. Ahora el demonio de cabello rubio, deseaba conocer un poco más a los demonios y brujos con los que conversaba. —Fui honesto con ustedes, me gustaría conocerlos mejor — Asmodeo y Bathin no tenían ningún problema presentarse, Gusion no los atacaría, de tener esa intención lo hubiera dicho desde un principió. —Asmodeo, uno de los príncipes del infierno y pecado capital de la lujuria. —Yo soy Bathin, al igual que tú Gusion, soy duque del infierno. —Gusion sonrió. —Debo asumir que el resto son brujos —supuso el demonio mientras que el oficial tomo la palabra para aclarar que el era oficial de policía. —¿Qué te trajo hasta aquí? —. Inquirió Asmodeo a Gusion. —Quería chequear el estado de todos – respondió el demonio de ojos celestes. —¿Eso por qué? —Mi alianza los quiere muertos —respondió con una sonrisa juguetona, Gusion era un demonio demasiado honesto, casi como si aquello fuera una maldición para él, aunque no parecía preocupado por confesarle al enemigo sus razones de estar allí. —¿Por qué no trataste de matarnos? —pregunto Asmodeo. —No vine a pelear, ayudó a mi alianza predicando el pasado, presente y futuro. No estoy para pelear. —Además, yo solo no tendría oportunidad contra ustedes. Aún no poseo mi propio brujo de magia negra. —explicó exhalando un poco de aire. —Gusion, se la clase de demonio que eres. Te voy a pedir un favor —Ahora Bathin había tomado la palabra, su rostro había cambiado pues la simple presencia del demonio lo hacia sacar de sus casillas, pero eso era algo inevitable para Gusion, sin embargo; decidió confrontar al duque infernal. —Dile a tus aliados, que no tenemos miedo. Lo que hicieron, se los devolveremos con mayor intensidad. Diles también, que pronto sentirán nuestra furia y no importará donde se escondan; los encontraremos —Cédric Griffin (Bathin) le confesó lo que tenia en su mente producto del odio inconmensurable que le había provocado que Mikael, su novio y brujo fuera lastimado. Pero, el demonio de cabellos rubios y ojos celeste recibió el mensaje sin miedo alguno. —Sabia que me dirías eso, Bathin. Lo vi en el futuro, y nuestro líder te envía este mensaje: “No tenemos miedo a una alianza de dos seres infernales y sus brujos de poca monta. Concéntrense en sus hábitos de placer carnal mientras puedan, porque nosotros somos La Orden del Fuego Infernal, y pronto tomaremos sus cabezas como trofeo. Y para ti Asmodeo, pecado de la lujuria y príncipe del infierno. Recuerda tu lugar, tus pecados no se comparan con los míos. Yo soy el placer mismo; la sodomía y el placer carnal descontrolado que no se te olvide… continúa con tus sosas costumbres. Los perdedores como tú no se interpondrán en mis planes, pero no desilusiones.” Gusion tomo una pausa, y continuo hablando. “No acabaré contigo, pero no puedo decir lo mismo de Eván. Protégelo bien, pues su vida tiende de un hilo” finalizó el demonio de cabellos rubios.
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