Su Rosita lo esperaba, con el pecho agitado, la notaba más linda de lo normal, su m*****o parecía querer explotar, o más bien salir corriendo de sus pantalónes para enterrarse en su coño —Espero por ti Taurus. —Lo tenía embrujado, cuando libero sus pechos grandes, no pudo evitar saborearse, igual su lobo, enloquecía de deseo. No dejaría que sus traumas y las cicatrices que lo habían elegido a el desde una edad precoz, le arrebataran el placer de tenerla entre sus brazos. Se empezó a quitar los guantes, sin articular palabras, sus ojos hablaban por ellos. Cuando su mano derecha estuvo libre, aparto su vista de ella, miedo a ver el horror en su rostro. Al finalizar tiró ambos guantes al piso. Se mantuvo cabizbajo. El vapor de su cercanía le anuncio un estremecimiento, mas los frondosos p

