De regreso al interior del hogar, su mamá había vuelto a su modo habitual, sentada sobre el sillón estampado, con el televisor encendido, ensimismada en las imágenes románticas, una en especial bastante erótica. Se sentó a su lado, para disfrutar la escena apasionada. Su madre la vió con estrañeza. —Me resulta raro ver esto contigo hija.—Guardo silencio, aunque le dieron ganas de recordarle que era bastante grandecita.—Espero que cuando disfrutes de esas mieles, sea con alguien digno, de tu edad. Tu sabes, un jovencito apuesto.—Habia empezado el monólogo eterno, sobre las diferencias de edad en el amor. —¿Y, si me decido por alguien mucho mayor qué yo?.—La pregunta era más, una señal de aviso. El señor Taurus le doblaba la edad, aunque no entendía como, se veía muy joven para sus 44 años

