EL TRONCO FLACIDO

1809 Palabras

Si se volvía loco, la única culpable sería la Rosita curvilínea que lo había engatusado con su delicioso cuerpo y cara de ángel. Caminaba de un lado a otro, seguro Maxwell estaba cumpliendo sus órdenes, necesitaba tenerla lejos. Las cosas más extrañas le estaban pasando, ejemplo; unos minutos atrás cuando en medio de la reunión con su fiel asistente y cuñado de vida, lo sorprendió el olor de Elena, sin duda era su aroma, aunque más intenso. Casi se ahoga en la dulzura. Aún las paredes de su oficina estaban impregnada de la esencia avainillada, que sobresalía en un rico pastel de fresa y chocolate. El mismo Maxwell le dió la razón, ambos salieron a toda prisa al pasillo, no había loba, tan siquiera señales del fantasma de Elena. Solo los lindos ojos de Rosita viéndolo con ese encanto su

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