La joven mujer que tenía a su lado lo estaba volviendo loco, noto como sus ojos se acobardaron al ver el camión de carga acercarse. Cuando estuvo a unos 4 metros de producirse el impacto tomo nuevamente su carril. Ese schok de adrenalina le daba vitalidad. No era la primera vez que manejaba de forma temeraria. Le gustaba la adrenalina que desencadena en su torrente sanguíneo, a la vez deseaba sentir un poco de empatía por el alma de su amada Elena. Experimentar sus últimos segundos por breves decimas, aunque pareciera locura, el tentar la muerte le parecía el mejor tributo. A su lado había una joven temblado, con el rostro cabizbajo. Sintió un poco de lastima por ella, el error fue de propio de Rosita. Después de ese beso inocente. Se había condenado. El deseo de quererlo salvar de una

