La vez que intenté volar, aprendí de golpe

2571 Palabras
6.- La vez que intenté volar, aprendí de golpe. Pero aprendí. (Viniloversus - Soñaré Hasta Que Llegue) El cansancio hizo que se sintiera somnolienta a penas el silencio y la soledad poseyeron la habitación tras la partida de sus padres, pero Jaden no quería dormir. Porque solo soñaría otra vez lo mismo y eso sería no descansar de todos modos, así que ¿para qué arriesgarse? Abrió sus ojos hasta lo imposible y aún bajo la sábana, contó los segundos pasar hasta que necesitara parpadear. Los esteroides que habitaban su sistema le dificultaban la acción, pero ella no se rendiría. —Sí se los dije —irrumpió la voz de Patrick 11 segundos después. Hablaba bajo y calmado, como siempre, y esto tranquilizó a Jaden, que de alguna forma había olvidado que Patrick había estado "dormido" en una silla junto a su cama. Jaden apartó la sábana y se lo quedó viendo un momento, intentando descifrar sus palabras. No lo consiguió. —Les dije que necesitabas hablar de Jeffrey —aclaró el terapeuta, intentando en vano de arreglar su apariencia arrugada—. Pero se niegan ante la posibilidad de tener que tocar el tema y mucho menos contigo. Ella asintió y al verlo a él intentar alisar su ropa con las manos, se sintió demasiado consciente de sí misma. Se tapó con la cobija sin siquiera echar un vistazo debajo y se sentó, cubriéndose hasta el cuello. No quería demasiado hablar y sabía que Pat lo entendería. Así fue. —Estuviste genial, Jota. Realmente estabas dispuesta a hablar y eso es muy bueno. Ella rodó los ojos y apartó la mirada. — ¿Y de qué me sirve? Patrick se inclinó más cerca y por un momento fugaz pensó en tomarla de la mano, pero luego recordó que ella era su paciente depresiva a la que le lastimaba el contacto físico, y entonces solo puso su mano derecha con respeto sobre la zona donde debía estar la pierna de Jaden bajo la sábana. Acarició brevemente la zona para confortarla y la miró a los ojos. Ella, como siempre, se veía confundida por su acción. —Te sirve de mucho, Jota, créeme, soy el del título universitario aquí. Ella sonrió, más que para hacer sentir mejor a Patrick que porque quisiera hacerlo, y negó con un gesto. —No se arreglará nada nunca, ¿verdad? Era una pregunta directa y difícil de contestar. Patrick no debía darle más peso para deprimirse, no debía decir nada demasiado definitivo, no debía opinar nada de forma personal sino profesionalmente, pero..., pero era difícil no hacerlo. Porque para él todo sobre Jaden le resultaba increíblemente personal. Todo lo correspondiente a ella lo hacía querer andar de puntillas alrededor y abrazarla hasta sacarle los agallones. No podía, sin embargo. —No digas esas cosas, Jaden. Hay que ser positivos. Esta vez al menos parecían dispuestos a escuchar tus razones y antes tu papá te abrazó, a eso lo llamo progreso, ¿no crees tú? De alguna forma, a Jaden se le había olvidado aquel momento. Su mente se iba lejos entre lo negativo a menudo y sus recuerdos positivos o medianamente alegres se contaminaban entre sí. Jaden odiaba su mente a veces. Casi todo el tiempo. — ¿Por qué crees que le tomó tanto devolverme el abrazo? No entendí su reacción. Patrick respiró hondo y entrecruzó los dedos de sus manos. —Bueno, Jota, él estaba muy sorprendido porque lo abrazaras tan de pronto, como todos. Además, se sentía indeciso. Quizás pensando que no soportas el contacto físico desde hace tiempo, talvez pensando que estaba soñando o alucinando que lo abrazabas y tenía miedo que de moverse te desvanecerías en sus brazos. Su cara decía que se sentía sorprendido, hasta asustado, pero eufórico. Algo de eso había, estoy seguro. Jaden tragó duro y miró hacia abajo a sus piernas cubiertas en la cama. Parpadeó un par de veces y se mordió el labio inferior. ¿Cómo iba ella a deducir todo eso? —No sé por qué pensé que estaba asombrado por cómo se sentía el calor corporal. Patrick sonrió brevemente hacia ella. —Porque así es cómo te sentías tú. No tiene nada de malo. Jaden frunció el ceño.  — ¿Esa sonrisa es de burla, Patrick? Porque no es gracioso. —Es de simpatía. Como "te entiendo", ¿ves? Ella negó con gestos y apartó la sábana para ponerse de pie, pero se volvió a cubrir cuando vio que le faltaban los pantalones. ¿Cómo es que siempre le faltaban pantalones? Literal y metafóricamente. Patrick ignoró lo anterior y se sentó en el borde de la silla, tan cerca de Jaden como le era físicamente posible. —Estaban aquí cuando despertaste y ni siquiera se los pedí. Doble progreso. Se quedaron en silencio. El intento de Patrick por conducirla a la positividad era desesperado pero necesario: la mirada en el rostro de Jaden era devastadora como nunca y Pat tenía miedo de perder el progreso lento pero realista que había conseguido formar en año y medio, tenía miedo de perder la confianza de Jaden. A veces creía que solo la tenía por eso, por haber conseguido que ella le confiara su mente a él. ¿Y si eso dejaba de pasar? ¿Y si decidía que Patrick no podía "arreglar" a su familia y decidía dejar de verlo? Jaden lo miró a los ojos. —Claro que se los pediste. —No lo hice. —Prometiste no mentir. —Y no rompo las promesas que te hago, Jota, lo sabes. Ella entrecerró los ojos con desconfianza y entonces soltó un suspiro con fastidio. Se recostó en la cama en posición fetal, de frente a Patrick. Cerró los ojos. —No quiero seguir viéndote. El tiempo se detuvo y el estómago del treintañero se revolvió. — ¿Qué? Jaden abrió los ojos al escuchar la alteración extraña en su voz y frunció el ceño. ¿Cómo es que las personas hacían para cambiar la entonación de acuerdo a sus emociones? Ella no podía escuchar sus propias emociones en su voz. Y aunque no entendía la mayoría de las emociones ajenas, sí notaba esos cambios. — ¿Qué pasa? ¿Para qué tener los ojos abiertos si igual no sé qué demonios significan tus muecas? Para eso cierro los ojos y te escucho solamente. Es lo mismo. Patrick, que ya estaba pálido, soltó el aire que estaba reteniendo. —Oh, a eso te referías... está bien. Cierra los ojos. El campo de visión de Jaden se redujo antes de que pudiera cerrarlos cuando vio a un tipo apuñalado detrás del joven terapeuta, la sangre que chorreaba le hizo sentir un dolor punzante en medio de la frente y entre las costillas. El hombre la miró fijamente de vuelta y Jaden vio que había una cuenca obscura y vacía donde iría el ojo izquierdo. El hombre dio un paso hacia ella y eso la hizo sentarse derecha de pronto, sin quitar la vista del ensangrentado difunto. Patrick se dio cuenta que ella tenía su atención en algo a sus espaldas, así que se giró para ver. Pero no había nada. Miró otra vez a Jaden, que se veía tan asustada que ni siquiera era consciente de que la sábana ya no tapaba ni el 30% de su cuerpo. Esto lo asustó. ¿Qué demonios estaba pasando? —¿Jota? ¿Qué estás mirando? Jaden volvió en sí al escuchar la voz de Patrick diciendo el apodo que solo él utilizaba con ella. Lo miró y se dio cuenta del error terrible que había cometido. Pero no podía hacer nada más: el tipo gigante ensangrentado y sin ojo le había dado mucho miedo, además de que el quedarse viéndola fijamente como que la hipnotizó de alguna manera. Igual había planeado contárselo todo a Patrick, así que ¿qué demonios? —Hay un hombre detrás de ti, Pat. Y está muy malherido. Patrick volteó a ver al supuesto hombre herido, pero no había nadie allí, por supuesto. Por otro lado, el hombre frunció el ceño hacia Jaden y negó con un gesto. —No estoy herido. Jaden abrazó sus rodillas. No tenía pantalones puestos, pero no podía pensar en nada más que en lo que estaba viendo, no podía apartar la mirada de él. Había visto con anterioridad a muchas personas que parecían invisibles para los demás, sí, y más de la mitad de estos muertos estaban heridos y sangraban mucho, algunos hasta olían mal, pero este hombre era diferente. Jaden podía verlo con tanta claridad que era como si estuviera de verdad a metro y medio de ella. No era borroso, no parecía una mancha estirada en el aire... no, él estaba allí. Tan nítido como Patrick. —No, solo estás muerto. Porque lo estás. El hombre se veía muy triste (era de las emociones que Jaden conocía mejor) y Jaden no sabía si era que sentía dolor (¿se siente dolor después de morir? No parece muy justo) o si lo había ofendido de alguna manera con lo que había dicho. —Jaden, ¿con quién estás hablando? Me estás asustando. Jaden tomó a Patrick por la muñeca y lo jaló hasta sentarlo junto a ella en la cama. Señaló hacia el hombre alto barbudo sin un ojo, con la ropa rota, heridas de puñaladas por todos lados y empapado en sangre. No sabía por qué lo estaba señalando, era obvio que nadie más que ella podía verlo, pero lo hizo porque cuando querías que alguien le prestara atención a algo lo señalabas y punto, era una reacción natural. —Es alto y lo apuñalaron por lo menos veinte veces. —Fue mucho menos, en realidad —aclaró el hombre, su voz era grave y lo hacía parecer mayor. Como de cuarenta y cinco años—. ¿Cómo lo sabes? Niña, deja de mirarme así. Los ojos de Jaden estaban abiertos al máximo y su cuerpo temblaba furiosamente junto al de Patrick, quien parecía mudo. —¿Te está hablando? —le preguntó a Jaden. Ella asintió sin apartar la vista del punto en donde estaba el hombre invisible— ¿Qué está diciendo? —Dice que no está herido, pero puedo ver sus heridas y la sangre. Y dice que lo deje de mirar así. ¿Qué cara tengo? Patrick la miró. —Terror y asco. Ella hizo una mueca. La había descrito muy bien. —Creo que se siente ofendido porque le dijiste que está muerto y porque lo miras como un adefesio... Jaden, ¿es de verdad todo esto? Y no te ofendas, pero debo preguntar porque sabes que no necesitas armar escenas para llamar mi atención. La tienes por completo. Ella asintió repetidas veces. —Patrick, este es mi problema. Yo… he estado siendo atormentada por… muertos desde que intenté suicidarme. Y ellos… ellos son los que me hacen daño a veces. La habitación se quedó en silencio por lo que parecieron horas. Jaden intercambió algunos monosílabos con el hombre-fantasma, pero sin llegar a tener una conversación real. Todo era muy extraño y Jaden no había sentido tanto miedo desde hacía mucho. La única ocasión en la que había sentido un temor mayor a ese fue cuando Jeff... —Jota, eres importante para mí y es por eso que voy a ponerte a dormir ahora, ¿de acuerdo? Jaden lo miró por primera vez desde que el hombre herido apareció, Patrick sostenía una jeringa vacía junto a su suero. Ella asintió y se recostó. Se tapó el cuerpo con la sábana y miró al hombre frente a ella, sintiendo el peso de la traición. Patrick, la persona (viva) en la que más confiaba, la creía loca y peligrosa como para doparla. El hombre sin ojo habló. —Niña, te estás engañando a ti misma. Jaden frunció el ceño. Se sentía confundida pero su mente se nubló de pronto hasta que se apagó por completo. Varias horas después, abrió los ojos. Al volver en sí y revisar la hora en el reloj de pared, lo primero que pensó fue que era molesto estar inconsciente tantas veces seguidas por tanto tiempo. Se sentía incluso más mareada que antes y el cuerpo le pesaba, razón por la que decidió no moverse demasiado, la somnolencia post-diazepan era tan fuerte como siempre. Seguía en la misma habitación de antes. Y, al igual que antes, sus padres estaban de pie junto a la puerta mirándola. En esta ocasión, su madre estaba llorando a moco suelto y Jaden supo que Patrick les había contado su mayor secreto. Ahora ellos la mandarían a la clínica psiquiátrica otra vez, ahora la obligarían a tomar dosis titánicas de medicamentos que la harían sentir como una nube: llena de gases, llena de vacío y sin rumbo alguno por la vida. Jaden miró al techo y respiró hondo para no entrar en pánico. Su cuerpo estaba adormecido aún, pero ese conflicto la hacía perder la cabeza. Era una sensación desagradable. — ¿Estás despierta, Jay? —No me llames así —gruñó ella lentamente. Su padre ignoró la petición y se acercó a paso lento a la cama. Se sentó en la silla en la que había dormido Patrick horas antes y la miró a los ojos. Jaden observó a su padre de cerca y entonces fue capaz de ver el cansancio en sus arrugas y la desesperación en su pelo canoso despeinado. Era de esas pocas ocasiones en las que el mundo tenía algo de lógica para ella. — ¿Lo que nos dijo Patrick es cierto, Jaden? Ella frunció el ceño y apartó la vista de su padre por unos segundos, paseó la mirada por la habitación, deteniéndose en un ramo de flores que reposaba en el sillón marrón junto a la pared posterior de la habitación, al que no había notado. ¿Desde cuándo estaban esas flores ahí? ¿Y por qué su padre estaba preguntando algo? Generalmente le creían al terapeuta por encima de ella y solo le informaban lo que pasaría. ¿Por qué habría de ser distinto? Ella había admitido en voz alta ver gente muerta, ¿por qué no estaban todos enloqueciendo, culpándola de robarle la línea al niñito de Sexto Sentido? — ¿Qué les dijo Patrick? —Dijo que podrías estar experimentando alucinaciones traumáticas y por eso te gusta estar en la obscuridad para no ver nada —respondió su padre—. ¿Es eso cierto, Jaden? Ella negó con un gesto. —Papá, te juro que no son alucinaciones. Son personas reales que están muertas. Me hacen daño a veces y por eso tengo tanto miedo siempre. Sonaba totalmente ridículo y sobreactuado, lo sabía. Pero no conseguía una entonación adecuada para pronunciar aquellas palabras, para decir en voz alta lo que había callado por tres años. Se preguntó dónde estaba Patrick para ayudarla a hablar. Sentía que las palabras solo se reproducían en su mente, pero no era así. —Jaden, ¿cómo estás tan segura de eso? Demonios. ¿Por qué la interrogaban cuando recién despertaba de algo bastante cercano a un coma inducido? ¿No veían que su mente aún estaba confusa y pesada? Los padres siempre querían que les respondiera todo sin importar la situación, para ellos las respuestas eran siempre de vida o muerte, y Jaden lo sabía. Pero no quería responder. Así que no lo hizo.
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