—Hola, Logan. —Scott se me acerca con una sonrisa ladina y como siempre, lo ignoro. Hoy es el primer día de universidad y no dejaré que me arruine eso también.
Sigo mi camino y el muy idiota me sigue.
—Vamos Logan, no seas rencorosa. No es mi culpa que el error de mi hermano haya bañado a tu novio delicado con mierda, aunque no te puedo negar que me alegra que haya fallado el tiro, ese mocoso lanzó la bomba apestosa hacia mí, no entiendo de dónde sacó esa mierda tan blandita y asquerosa. —Scott pone su dedo sobre sus labios como si analizara algo muy importante, mínimo está descubriendo la nueva fórmula para convertir el aire en chocolate. Vaya, está pensando demasiado, creo que se le fundirá el cerebro o la cosita esa que tiene en la cabeza.
—De seguro la recogía cada vez que abrías la bocota de pez esa —respondo con mi voz de perra malvada y él sonríe con esa coquetería que me da ganas de romperle la cara. Imbécil.
—Esta boca de pez como dices ha degustado los labios más lindos de esta pequeña ciudad, si es que a este monte se le puede llamar así.
—Me imagino, te encanta besar víboras.
—Creo que sí. —Me mira y no sé por qué me siento aludida.
—¿Qué insinúas? —Dejo de caminar y lo intercepto amenazante.
—Pues lo de víbora lo dijiste tú, yo solo dije que he besado los labios más lindos de este pueblucho. Si tú te consideras una serpiente venenosa...
Vaya, no puedo negar que su sonrisa es bonita.
¿Quién dijo eso? Madison Logan, deja de pensar disparate.
—Creí que a labios bonito te referiste a Camile... Espera... —Bien, esto no me lo esperaba.
—Así es. —¿Por qué tiene que volver a sonreír así? Madison Logan, controla tus hormonas—. Tus labios son los más hermosos y cabe decir, deliciosos que he besado jamás, es más, si me dejas ser tu amigo con beneficios, besarte será mi pasatiempo favorito.
Vaya, ¿cómo puede algo sonar lindo y desagradable a la vez?
—Idiota, ni siquiera somos amigos. —Le jalo el cabello y él empieza a chillar como rata—. Además, dijiste que era la última en la lista.
—Puedes ser la segunda si deseas, te daría el puesto de primera, pero ese ya lo ocupa Camile.
Camino de prisa y mis ojos arden. ¡Rayos! Tendré que ir al oftalmogologicodoctor o como se llame el que "cura los ojos", últimamente me arden mucho. Escucho la voz del mosquito Scott y no sé por qué corre tras mí, espera, estoy corriendo. ¿Por qué corro? Scott me jala con tanta fuerza que caigo sobre su pecho. ¡Vaya! Por un momento me sentí protagonista de un K-drama.
—¡Suéltame, niño especial! —Me remuevo entre sus brazos y él se divierte en mi cara al tenerme presa, me frustra que sea más fuerte que yo.
—Solo si me das un beso. —¡¿Y este idiota qué?! ¿Cree que voy a contaminar mis labios solo porque él lo pide? Como que quiere ser asesinado hoy.
—Scott, no estoy para tus bromas infantiles de anormalandia. Déjame en paz.
—¡Bésame o no te suelto! —Bueno, él no me va a soltar a menos que me envenene con su asquerosa y pegajosa boca y yo no quiero llegar tarde a la orientación de la universidad, así que no me queda remedio...
—¡Demonios Logan! ¡Me vas a romper las bolas! —Se queja adolorido.
—Si no me sueltas no te suelto. —Amenazo con mi hermosa sonrisa de Maléfica, por su parte él hace una mueca. ¡victoria para mí, el renacuajo me soltó!
—Ya puedes soltar mis bolas o… ¿Te excitaste? —Esa sonrisa de Don Juan me está colmando la paciencia.
—Ni en tus más remotos sueños. —Me cruzo de brazos y camino un poco más. Por fin lleguo a la parada de autobús y no tendré que soportar a Scott.
Subo con rapidez y tomo el lugar de la ventanilla.
—Gracias por guardarme un lugar.
¡¿Qué?!
—¡Qué rayos haces aquí! Y yo no te guardé ningún lugar, así que muévete.
—No hay más lugares vacíos. —El idiota se justifica, pero el autobús casi no tiene personas.
—Hay lugares vacíos, Scott.
—Pero te daré el privilegio de viajar junto a mí, de todas formas, tenemos el mismo destino. Vas a la uni, ¿no?
—Déjame entender... —Pongo mis dedos sobre mis sienes. ¡Esto no me está pasando a mí!—. ¿Vamos a la misma universidad?
—A menos que estés en la pública, sí. No sé cuánto hayas olvidado a este pueblucho, pero no es lo mismo que tu gran ciudad donde hay varias universidades que escoger. Aquí tienes dos opciones: la Pública o la Honorífica. Los que la podamos pagar, aunque no seamos ricos, pues tenemos el privilegio de estudiar allí. He escuchado que está llena de estirados, así que seremos como la mugre del lugar. Mis padres ahorraron toda mi vida para que pudiera asistir a la Honorífica, hasta el nombre me da escalofríos.
—¡Vaya! No sabía que mis abuelos harían ese gasto en mí. —Me encojo de hombros. Ellos siempre me han mimado y dado lo mejor, no tengo cómo agradecerles todo lo que están haciendo.
—Bueno, los señores Logan tienen mucho dinero ahorrado, sabes que tu abuelo tuvo su propio negocio de ferretería, si tu padre hubiera sido más sabio y agradecido no lo estuviera administrando otra persona. —Scott tiene un punto, no obstante, entiendo los motivos de mi padre, solo que el pobre no supo utilizar su cabeza.
—Bien, Scott. Vamos a poner los puntos claros entre nosotros antes de llegar a la universidad. —Es bueno dejar todo en su lugar, de verdad no quiero que este mequetrefe me siga arruinando la vida.
—Ni siquiera vamos a vernos mucho, no creo que vayas a estudiar literatura y lenguaje.
—¿Estudiarás literatura y lenguaje? —Lo observo incrédula, ¿por qué estudiaría esa...se le puede llamar carrera a eso?
—Sí, quiero ser escritor y quién sabe si luego pueda ser editor.
—¿Tú, escritor? ¡Vaya! ¿Y sobre qué escribirás? ¿Sobre el mundo perdido de tontolandia? —Genial, es la primera vez que veo esa expresión fúnebre en la cara de Scott y no creo que esté bromeando. ¿De verdad le afectó mi tonto comentario?
—Escribiré de todo un poco, pero quiero ir más allá de solo escribir. —Su expresión cambia a ¿serio? No me esperaba eso.
—Oye, Scott... —Juego con mis dedos y lo miro como cachorro arrepentido—. Disculpa por bromear, siempre lo haces no creí que te haría sentir mal.
—No, no te preocupes, Logan. —Hace un intento de sonrisa que más bien parece una mueca trecha—. Es que me afecta un poco que menosprecien mi pasión, mi padre y yo hemos tenido varios enfrentamientos por eso, según él es una carrera de mierda. Siempre se queja de que un hombre Scott haya escogido una profesión de marica.
¡Auch!
Perfecto, Madison, lo has hecho perfecto. Nunca creí que me sentiría mal por ofender a Scott, pero qué se le puede hacer, lo hecho, hecho está.
—Lo siento, de verdad. —Me disculpo con todo mi drama de protagonista sufrida de novela.
—Te dije que no importa, drama queen. —Scott acaricia mi mejilla de una forma tan delicada que me parece fugaz, y ahora caigo en cuenta de que sus labios son bonitos y besables, espera... ¡Ay no! ¡¿Estoy mirando sus labios?!
Respira y mira a otra dirección, Madison.
—Puedes degustarlo más adelante si quieres, puesto que aquí sería un problema, a menos que seas del tipo exhibicionista. —Scott musita cerca de mis oídos y yo me prendo como palito de fósforo.
—¡Idiota! Jamás, Scott, escucha bien, Jamás besaría tus asquerosos labios.
Vaya, por lo menos está riendo el tarado este. Hasta que por fin llegamos y podré liberarme de tontín.
—¿Por qué caminas tan rápido, Logan? —Scott me sigue y yo casi corro. ¿Cómo me libro de él?
—¡Daniel! —Esa insoportable voz—. Hola, cariño. —La rubia despampanante lo besa como si quisiera tragárselo sin importarle que estamos en una institución educativa y rodeados de muchas personas. Zorra.
—Deja un pedazo de él, pareces una leona hambrienta que devora a su presa. —¡Vaya! Hasta ritmó, creo que podría hacer una canción.
—No te metas, aparecida impertinente —espeta después de tragarse el alma de Scott, quien se ha quedado como zombi después de que Cell versión Barbie se tragara toda su esencia.
Quiero decirle un par de insultos a la muñeca inflable esta, no obstante, caigo en cuenta de que es mi oportunidad para deshacerme de Scott y me marcho dejándola con la palabra en la boca. Camino tan rápido que no me percato de quién viene frente a mí y choco.
¡Vaya! Creo que romperé el récord de la chica que choca con chicos. ¡Tipo novelas románticas!
—¿Por qué no te fijas por dónde caminas, tonta?
Bien encontré con quién desatar toda esta ira acumulada.
—¿Por qué no te fijas tú, idiota? —Miro al chico que será víctima de mis ofensas más selectas, sin embargo, me quedo sin habla. Creo que debo dejar este extraño comportamiento al notar a un chico lindo, es decir, que estén buenos no los hace mejor ni que no se les pueda poner en su lugar, pero al demonio, el condenado es del tipo que me gusta.
Oh sí, este chico está como quiere.
Su cabello n***o y ondulado llega hasta sus hombros, sus ojos son verdes y rodeados de gruesas pestañas oscuras; parece que va al gimnasio, pues su cuerpo está muy rico con esos músculos definidos. Es el típico badboy desinteresado. Botas, pantalón y chaqueta de cuero, vestido de n***o salvo a la camiseta debajo de la chaqueta la cuál es blanca; labios besables, rostro envidiable, alto y fuerte, con una mochila que sostiene con una mano por encima de sus hombros, creo que lo hace para verse más rudo. Sus pantalones tienen varios rotos y por encima de su otro hombro lleva algo colgando, es como un tubo n***o que le cuelga de la espalda.
Me vuelvo gelatina cuando sus ojos verdes me examinan con detenimiento y el habla me falla, así que aprovecho el tiempo para degustarlo con la mirada.
—Como sea, tonta —espeta con indiferencia y sigue su camino. ¡Perfecto! Me siento ignorada y despreciada, lo que aumenta mi interés en el chico con mirada de psicópata asesino serial y que pareciera le importa un comino la vida. Lo sigo con la mirada por lo que noto que se dirige al parqueo de vehículos de dos ruedas; oh, tiene una moto. Veo como organiza sus cosas para marcharse y acelero mis pasos en su dirección.
—¡Oye! —Le picó el hombro con el dedo y vaya que es fuerte el niño.
—¿Qué quieres, fenómeno? —¡¿Y este idiota qué?!
—Me debes una disculpa, estúpido gusano. —No importa que tan bueno esté si me busca me encuentra. El chico rudo me mira sorprendido y esboza media sonrisa que es entre sexy y malvada, pero que provoca que mis piernas se tambaleen.
—La que debe disculparse por atropellarme con su cuerpo tétrico eres tú. Me has hecho pasar un mal momento, si por lo menos tuvieras tetas y una buena nalga el choque hubiera sido agradable, en cambio pareces una tabla aplastada. ¡Qué desagradable!
Creo que por primera vez en mi vida no sé cómo refutar a un insulto. Me siento demasiado humillada como para responder, pero mi orgullo femenino no se puede quedar callado, no, este chico va a saber con quién se ha metido.
—¿Quién te crees que eres? Idiota sin cerebro. Los chicos como tú se creen que son la gran cosa, pero en realidad ocultan sus carencias bajo ese disfraz de badboy que se joda el mundo, y cariño, a carencia me refiero a tu poca habilidad para entablar una conversación normal, a tu poca capacidad s****l y a tu diminuto gusanito.
El idiota se está riendo. ¡Genial! Quería ofenderlo no entretenerlo.
—¡Qué vas a saber tú de desenvolvimiento s****l o del tamaño de un pene! Estoy seguro que debes creer que los hombres tenemos una v****a, eres tan virgen como mi hermana imaginaria de tres años. No hables de lo que no sabes, tonta. Aunque... —Me mira de una forma que me da escalofríos—. Si te miro mejor no eres tan fea, podría mostrarte como se ve la parte reproductora masculina y hasta enseñarte como se hacen los bebés y no sigas creyendo que son las cigüeñas que los traen.
¡¡Idiota!! ¡Lo odio! Respira, Madison, respira.
—¡Estúpido! Animal, besti... —¿Qué está pasando? ¿Por qué mis labios se sienten aprisionados? Ah, bueno, el badboy me está besando. ¡¿Qué?! Quiero separarme, pero el cretino me atrae más hacia él y no sé cómo termino sentada en su moto y sobre sus piernas. Ahora soy yo quien da un espectáculo con un extraño. Pero sí que sabe besar el condenado. Sus suaves labios se mueven sobre los míos con hambre y su lengua hace entrada en mi boca. ¡Es tan excitante! Pero, por Dios, estamos en la universidad; esto está mal, muy mal. Me separo con la respiración agitada y sus labios se ven rojos e hinchados. Este chico es tan hermoso.
—Eso fue un adelanto, tonta. —Me susurra en los oídos—. Créeme cuando te digo que serás mía, te tendré debajo de mis sábanas gritando mi nombre y pidiendo más.
Me apeo de encima del atrevido atolondrada y con el efecto de aquel beso en mi piel, porque ese gesto removió todo, y cuando digo todo es todo. Él enciende su moto y me guiña un ojo antes de marcharse. ¿Qué rayos ha pasado? ¿Estar bajo sus sábanas, yo? Un escalofrío recorre mi cuerpo y una cosquillita en mi pelvis me pone alerta. No, eso nunca, Madison Scott no se acostaría con un idiota como ese o ¿sí?