Capítulo 2

1006 Palabras
Lucas Hart; Bajé de mi jet privado y fruncí el ceño al ver la caravana de coches que me esperaba. No quería llamar la atención todavía. Comencé a caminar hacia ellos cuando mi teléfono vibró en mi bolsillo. Al mirar la pantalla, vi el nombre de Caspian aparecer y levanté una ceja mientras deslizaba el dedo para responder la llamada. —Como siempre, no tardaste en llamarme. ¿Estabas mirando el teléfono para ver cuándo estaría disponible mi línea? —pregunté. Una risa salió del altavoz. —¡Por fin has vuelto, Luca! —exclamó Caspian, haciéndome fruncir el ceño. —¡Joder! Te dije que no me llamaras así —gruñí, apretándome el puente de la nariz. No me —¡Vamos, Luca... jes como en los viejos tiempos! —respondió Caspian, ignorando por completo mis palabras. Caspian era muy buen amigo mío. No sé si puedo llamarlo mi mejor amigo. Nunca tuve mejores amigos. Pero él era lo más parecido a un mejor amigo que tenía. Cuando me fui hace tres años, él era el único con el que me mantuve en contacto aparte de mi padre. —En serio, me alegra tenerte de vuelta, hermano. Te hemos echado de menos —añadió Caspian. Suspiró—. Espero que hayas vuelto para siempre. Sigues huyendo como Cenicienta cuando el reloj marca la medianoche —bromeo. —No huyo —objeté frunciendo el ceño. —Mmm —dijo Caspian, y me lo imaginé poniendo los ojos en blanco—. En fin, ¿vas a sentar cabeza ya o te vas otra vez? Hice una pausa ante su pregunta, mirando alrededor del aeropuerto e inhalando el aroma familiar de la cuidad. Si, he vuelto. —Hola, Tierra, Lucas. ¿Te estás distrayendo? —La voz de Caspian me devolvió al presente. Solté una risita. Algunas cosas nunca cambian. —Esta vez me quedo. Ya estoy en casa —respondí, con una sonrisa burlona en los labios. —¡De eso hablo! —exclamó Caspian—. Es justo que te quedes, después de todo, aquí es donde debes estar. —Tienes razón —respondí acercándome al convoy. Arrugué las cejas cuando mi asistente, Wilson Adler, salió de uno de los autos para recibirme. Él evitó inmediatamente mi mirada cuando vio la expresión de mi cara. Idiota. Hizo lo contrario de lo que le había ordenado que hiciera. —¡Qué ganas de ver la cara de tu hermano cuando sepa que has vuelto para siempre! Ah, y ese sobrino tuyo, ¡vaya sorpresa! —Caspian parecía demasiado emocionado y no pude evitar sonreír con él. —¿Estás emocionado porque estoy de regreso o no puedes esperar a ver cómo se desarrolla el drama? —pregunté, sacudiendo la cabeza. —¿Un poco de ambas cosas? —respondió Caspian antes de reír—. En fin, te daré una fiesta de bienvenida esta noche. La mayoría de los chicos con los que solíamos quedar quieren verte. Ha pasado mucho tiempo, ¿sabes? Necesitamos vernos, ya sabes, hablar de negocios, alianzas, mujeres... ¿Vienes, verdad? Suspiré al detenerme frente a Wilson, mirándolo con los ojos entrecerrados mientras le respondía a Caspian: —Estaré allí siempre que las mujeres no estén presentes. Sabes que no me desenvuelvo asi. —¡Claro, claro! ¡Nada de mujeres! ¡Jaja! —respondió Caspian—. ¡Nos vemos esta noche en el club Scream! La llamada se cortó y miré a mi asistente que parecía que estaba a punto de orinarse en los pantalones. —Creí haber dicho que no hicieras nada que llamara la atención —comenté mirándolo fijamente. Wilson se subió las gafas y tragó saliva. —Me temo que un hombre de su calibre merece ser recibido con gran estilo —respondió con cautela. —¿Ah, sí? ¿Aunque eso impliqué revelar mi identidad? —pregunté, arqueando una ceja. No quería que todos supieran que había vuelto. Aún quedaban cosas por hacer antes de que ciertas personas supieran de mi llegada. —Su identidad no se verá en estos coches, señor. Las ventanas son tintadas —señaló Wilson, y resistí el impulso de darle un golpe en la nuca. —Dame las llaves —exigí. —¿Qué? —Wilson parecía confundido. —Las llaves, Wilson, no tengo todo el día —dije. Wilson tardó un momento en comprender lo que quería decir. Me miró con los ojos como platos y negó con la cabeza con vehemencia. —¡Para nada! Mi descripción del trabajo dice que debo estar a tu lado en todo momento... —Si me retrasas una vez más no tendrás más descripción de trabajo —advertí en voz baja. Wilson tragó saliva, con el miedo reflejado en sus ojos. Dudó un momento, pero finalmente sacó las llaves del coche y me las dio. —Tenga cuidado, señor. —¿Eres mi madre? —pregunté al acercarme al coche por el centro—. Deja de insistir y vete. Todavía no trabajo. Con esas palabras, me subí al coche y me dirigí hacia mi villa. Acababa de llegar al barrio, pensando en mis planes, cuando una figura apareció de la nada y me tomó por sorpresa. —¡Mierda! —maldije mientras frenaba a fondo, haciendo que el coche se detuviera de golpe. La figura cayó al suelo y mi corazón latió con fuerza en mi pecho. ¿Golpeé a alguien? Salí rápidamente de mi coche para comprobarlo y encontré a una mujer tendida en el suelo con aspecto un poco cansado. Ella sólo llevaba un pijama fino que se le ajustaba a la piel y sus pies estaban descalzos, mostrando moretones —Disculpé... —dije mientras la mujer se movía y pude deslumbra claramente su rostro. Mi corazón latió erráticamente en mi pecho y pude oír el sonido del tambor en mis oídos. ¿Por qué ella estaba...? —Ayúdanme... por favor. No dejes que me atrape —fue todo lo que dijo antes de cerrar los ojos y quedar inerte.
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