Desperté por los murmullos provenientes del exterior. Me removí en la cama, intentando volver a dormir, pero el espacio junto a mí estaba vacío. Fabricio ya no estaba. Una sensación de incomodidad se instaló en mi pecho al darme cuenta de que la habitación estaba extrañamente silenciosa. Sentí un vacío que no podía identificar, como si alguna parte de mí se hubiera ido con él. No era solo la ausencia física, sino una ausencia emocional. Había algo en su tono de voz que no podía entender, algo que me inquietaba profundamente. Me incorporé lentamente, apartando todo rastro de sueño, mi mente aún envuelta en un halo de confusión. Quería volver a dormir, ignorar todo y desaparecer por un momento en la tranquilidad que me daba el sueño, pero algo me impulsó a quedarme despierta. Algo no estaba

