Me levanto lentamente de la cama, la suavidad de la superficie me da una sensación momentánea de confort, como si el colchón estuviera abrazándome en un último intento por retenerme en un mundo seguro, lejos del caos que siento en mi interior. Pero el dolor en mi cabeza es insoportable, como si un martillo golpeara cada parte de mi cráneo, empujándome hacia una realidad brutal. Es un dolor tan intenso que casi siento como si fuera a explotar. Un pitido fuerte en mi oído me deja sorda, distorsionando el sonido y sumiéndome en una especie de vacío auditivo. Todo se vuelve confuso, una niebla espesa que borra las fronteras de lo que es real y lo que no lo es. No logro entender bien lo que está pasando, los recuerdos de lo que ocurrió hace unos momentos, minutos, horas o incluso días, se desva

