—¿En serio? —le pregunto con incredulidad—. Es el decimoquinto vestido… Suspiro, observándola mientras examina cada detalle del atuendo que le prueba a Lucía. No puedo evitar sentirme agotado, como si estuviéramos atrapados en un ciclo interminable de pruebas y decisiones insignificantes, mientras la verdadera cuestión, lo que realmente importa, sigue sin ser resuelta. Pero claro, todo esto es parte del juego, ¿no? Lucía, mi pequeña, es una princesa, y como tal, tiene que destacar. La idea de mi compañera de que nuestro hija debe ser el centro de atención de la coronación de los vampiros resuena en mis pensamientos, aunque no puedo evitar pensar en cómo todo esto está opacando lo que debería ser realmente importante. —Solo es una niña y solo lo usará una noche —intento razonar con ella,

