Voy a sacar mi móvil, pero entonces sus palabras de esta mañana regresan a mi cerebro. —¿De esto era de lo que querías hablar? —pregunto. No quería hablar de nosotros. Quería hablar de esta mierda. Levanta la mirada del suelo y la clava en mí. Está llena de arrepentimiento. —Era hora de que lo supieras. Abro aún más los ojos. —No, hace mucho tiempo que debía saberlo. Hago un giro de trescientos sesenta grados parar recordar dónde estoy. Sigo aquí, no cabe duda, y no estoy soñando. —¡Joder! —Cuidado con esa boca, Addison —me riñe con dulzura. Me giro otra vez para mirarlo a la cara, alucinada. —¡No te atrevas! —grito, y me golpeo la frente con la palma de la mano—. ¡Joder, joder, joder! —Cuidado... —¡No! —Lo paralizo con una mirada feroz—. ¡Nick, no te atrevas

