Me marchó del lugar, haciendo planes para esta noche, por suerte era viernes y no vería a mi horrible jefe, por dos largos días. Entro a la oficina con el cristo en la boca, desde que salí del local, me llamo unas cinco veces más, así que supongo que algo grave debe estar pasando. Entró a su oficina, él está parado junto al ventanal, con su mirada perdida. —Estoy aquí señor, ¿qué debo hacer?—pregunto cansada, me toco subir un montón de escaleras. —Necesito que vayas a la tintorería, me urge mi traje azul marino. Tiene una sonrisa en sus labios, así que esto lo había planeado, saboteo mi almuerzo con los chicos, y todo por unos celos que no caben, solo somos empleada y jefe, ¿qué mierda le estaba pasando? Debía controlarme, el esperaba que fuera impulsiva y así poder dominarme con sexo,

