Capitulo 26

1132 Palabras

La noche cayó sobre la pequeña casita del barrio La Pincoya como un manto pesado y protector. Afuera se escuchaban los ladridos lejanos de perros y el rumor ocasional de una moto pasando por las calles estrechas. Adentro, solo existían ellos dos. Valentina no se separó de Martín ni un segundo. Después del beso desesperado, lo ayudó a quitarse los pantalones con cuidado, dejando solo los boxers. Limpió cada herida con agua tibia y un poco de alcohol que encontró en el viejo botiquín de su abuela. Cada vez que él hacía una mueca de dolor, ella le besaba la piel lastimada, como si sus labios pudieran curar lo que los puños de los guardias habían roto. —Duele… —murmuró Martín en algún momento, con la voz ronca. —Lo sé, mi amor —susurró ella, acostándose a su lado en la cama estrecha. Sus cu

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