Llegamos con el mayor de los sigilos e ingresamos a la bodega donde tenían recluidos a los niños, los explosivos ya los había instalado Cebolla con la ayuda de Rasca culo, Churrusco y Mojón en la mañana, mientras Cereza se encargaba de buscar los camiones para sacar a los rehenes.
Si ella no toma la decisión de salvarlos, lo haremos nosotros en la noche, el viaje lo tienen programado para mañana, hoy en la madrugada se los llevarán para el puerto. La señora tenía un jean n***o igual que su buzo. Miré el perímetro y solo había dos hombres que eran los que custodiaban el cargamento.
Corrí hasta el segundo piso de la bodega, al verme el hombre bajó la cabeza, sabía quién era yo, me acerqué y con mi navaja lo maté. La señora Verónica se tapó la boca para evitar el grito, en ese momento ingresaba el otro tipo y Cebolla se encargó de él. Dos puñaladas, una en el corazón y la otra en la espalda baja.
—¿Por qué los mataron?
Me encogí de hombros, un muerto más en mi larga lista, no me hundirá más en el infierno, yo tengo el boleto directo. Además, según el reporte que tenemos, estos son unos malditos pedófilos.
» Roland no los hubiera matado. —Cebolla con un gesto le dio a entender que eso no era cierto.
—Nos pidió conocer y aprender, regla número uno para ser un capo, debe tener la sangre fría para matar a quien sea necesario. —segunda señal de que la verdadera señora Verónica sigue ahí dentro.
—¿Qué hacemos aquí?
—Bueno, vamos a robarnos una mercancía para poder exportarla a España.
—¿Vamos a robarnos kilos de cocaína?
—No tenemos tiempo, ya me informan que llegaron los camiones.
Cebolla hablaba con el personal que tenemos afuera, todo era bajo comunicación de alta tecnología. Nos dirigimos al sótano de la bodega y escuchamos los lamentos, llantos y el olor a desechos humanos, ¡malditos! Mandaron un cargamento de niños antes, ya será imposible darle reversa esa operación.
—¿Qué es esto? —La voz temblorosa de la señora era notoria.
—Señora, si usted desea ganarse la confianza del gremio, deberá autorizar el viaje del cargamento.
Le dijo Cebolla antes de encender la luz y dejar a la vista a los cincuenta niños detrás de las rejas con sus rostros de miedo, no sé quién estaba más asustados, si los niños o ella.
—No… no, no, no entiendo.
—Roland no lo permitió, pero él ya no se encuentra y volvieron a las andanzas, me hubiera gustado mucho mantener este tema alejado, pero he estado ocupado con una mujer que solo intenta quitarse la vida.
—No…
—¡Señora Verónica! Usted me pidió ser como el patrón.
—Él no permitió esto, sé que mató a quien lo hizo.
—Así es, pero tenía el temple para hacer callar a treinta y dos jefes, usted ahora está temblando y se la comerán viva si no asume el rol que quiere desempeñar.
—¿Qué harán con ellos?
—Prostitución, es lo más seguro. —dije.
—Pero… son menores, hay niñas muy chiquitas y los niños…
—Esos son los que más se compran, créame.
—No. —comenzó a negar.
—Se nos agota el tiempo, debemos sacarlos y ser nosotros quienes enviemos la carga. Así usted quedará como la reina de la mafia.
—¡Salcedo está llegando!
Informó Cebolla. La miré, este es el momento de su vida en donde se convertirá en un monstruo o en una salvadora.
—Sobre mi cadáver enviarán a estos niños a España. —Me dieron ganas de cargarla, sus ojos estaban llenos de lágrimas—. ¡Son niños! Simón, Miguel, por favor sáquenlos de aquí y regresémoslos a sus padres, por favor, por el amor de…
—De Dios, señora, de Dios, vuelva a nombrarlo. Así lo haremos.
Partimos los candados de las rejas donde los mantenían en cautiverio, la señora se encargó de tranquilizarlos mientras Cebolla al frente los guiaba, varios niños se prendaron de la señora, pensé que iba a ser más difícil, pero quien está lleno de bondad y amor le era muy difícil torcer su alma, la vi en varias ocasiones limpiarse las lágrimas.
Comenzamos a subir a los niños en los carros, los pobres olían muy mal, se nota que desde su cautiverio no se habían bañado. Ya habían salido tres carros, uno lo conducía Churrusco, el otro Rasca culo y último lo llevaba Mojón, Cereza nos esperaba en el cuarto.
Terminado de subir al último cuando llegó Salcedo. Ver la mirada de ira de la señora era para alquilar balcón, sabíamos a lo que nos enfrentamos, de manera automática Cebolla se puso a su lado para protegerla mientras que me enfrentaba al hombre número veinte en la lista de los jefes.
—Esto debe ser una broma, Rata.
Lo miré y con mi risa siniestra moví con lentitud la cabeza. Tomé mi revolver, él lo notó.
—Faltaste a tu palabra.
—Ya Roland no se encuentra, y a mí me vale mierda esos niños, solo quiero el dinero que representan, sabes ¿cuándo vale un niño para esos tipos? —La sangre me hirvió.
—¡Eres un depravado!
La señora se había acercado mucho, Cebolla permanecía a su lado con el revolver en su mano.
—Ahora haces tus vueltas con una perra al lado. —contuve la rabia ante el comentario.
—Ofendiste a quien no debías.
Habló Cebolla, por la mirada de Salcedo pude ver que temía, volvía a ser quien era, el maldito cabrón al que todos temen. En ese instante se me olvidó la señora y fue un grave error.
—Dile perra a tu madre.
Con una rapidez ella tomó la otra arma que tenía en la pretina de mi espalda y solo fue una fracción de segundo para reaccionar, logré desviar su mano hacia arriba para evitar que cargara con un muerto en su conciencia. Salcedo sacó la suya y con la mía sin pensarlo le metí la bala en la boca.
—¡Sobre mi cadáver, señora! Usted manchará con una muerte su conciencia.
Cebolla le quitó el arma y en ese momento llegó un niño de unos seis años a su lado y se aferró a ella.
—No lo haga nunca. —Ella se arrodilló—. Por favor. —El niño temblaba—. Dijiste que me llevarías con mi mamá.
—Y lo haré, ahora vamos a mi casa para que se limpien, los llevaremos a sus familias. Lo prometo.
—No mates, mamá dice que si uno lo hace se vuelve malo.
—Ese hombre lo merecía. —Le limpió las lágrimas.
—Pero tú no eres policía, ellos sí, él me lo dijo. —señaló a Cebolla, este se encogió de hombros—. Tú no, eres muy bonita para matar.
La señora abrazó al niño y reprimió las fuertes ganas que le dieron de llorar. Las manos le temblaban.
—Gracias por recordármelo.
—Ahora ¿somos amigos?
—Sí, ¿cómo te llamas?
—Enrique Muñoz Vergara.
Y como si nos hipnotizara volvió la sonrisa de la señora Verónica, esa sonrisa que ilumina cualquier oscuridad, miré a Cebolla y él estaba deslumbrado.
—Volvió, señora. Me alegra que la terapia funcionara.
—Me lo temía. —intentó mirarnos mal—. Pero no me pueden contradecir en que hacemos buen equipo para estos casos.
—Ni se le ocurra. —hablé.
—Roland quería salir de esa porquería, y ¿si lo honramos?
Terminamos de subir a los niños al camión. Cebolla dio instrucciones a otros hombres de nuestro personal para que limpiaran el lugar.
—Cuando acaben me informan para destruir el lugar.
—Después de devolver a los niños hablaremos del tema, ¿les parece? —afirmé—. ¿A dónde vamos?
—A la finca donde usted le troncó la vida a Roland.
—¿Tan lejos?
—En ese lugar tenemos todo para mantener a los niños mientras los devolvemos.
—¿Y Cebolla porque no se va con nosotros?
—Él llegará después.
Llegamos en horas de la noche, y como anticipé lo que iba a pasar, desde ayer habíamos equipado la finca con colchonetas, ropa, alimentos y personal para ayudar, incluido un par de médicos para examinar a los niños, trabajadoras sociales y psicólogos, el personal que se había contratado para las organizaciones que había creado Roland después de su reconciliación con el de arriba.
Mientras poníamos algo de orden y esperábamos a Cebolla quien llegará con el personal importante para ella. Nos pusimos en la tarea de bañar, alimentar y revisar a los niños, cada uno concentrado en su labor. La señora se encargó de ayudar a bañarlos con dos enfermeras y las trabajadoras sociales.
Menos mal, la finca queda en tierra cálida, los teníamos a todos en el patio. Ver a la señora sonreír, besar, abrazar a los niños me regocijaba. Al menos ya salió de ese retardo en el que estaba, las trabajadoras sociales se encargaban de vestirlos. Espero la ropa que se compró por docenas de todas las tallas alcance para ellos.
—Ahora entiendo a Roland cuando te delegaba la logística de todo. ¿Quiénes son esas personas?
—Trabajan en las organizaciones que fundó el señor, R&V —Me miró—. Son las organizaciones que él le iba a regalar a usted para que se hiciera cargo, después de casarse. Yo lo llamo la resurrección de Roland. A eso se dedicaba en los últimos meses, no en enviar droga.
—¿Por eso lo mataron?
—Puede ser.
—Hija. —La voz del señor Fausto se escuchó a nuestra espalda.
—¡Papá!
La señora corrió a los brazos de su padre quien la estrechó con fuerza, su hermano se unió al abrazo familiar.
—Lo lograste.
Me dijo Inés a mi lado. Cebolla terminó de hacer el trabajo, recogió las cosas de la clínica y trajo a la familia de la señora. Los dejamos un rato juntos, era necesario que ellos hablaran.
» ¿En qué puedo ayudar, Simón?
—¿Te parece bien en la cena de los niños y en esas pócimas para que puedan descansar?
—Rata, ya tengo la información de los computadores de Salcedo.
—Bien. Debemos mirar para devolver a los niños. Reunión.
Dije y en cuestión de segundos, al mirar a cada uno entendió y de manera silenciosa nos dirigimos al despacho. Estábamos los seis reunidos cuando Cebolla habló.
—Algo pasó en el anterior envío, el cargamento no llegó a su destino, por eso este era con urgencia. —Me alegra que esos niños no estén en la prostitución,
—¿Y por qué no llegó? ¿Qué pasó?
Preguntó Rasca culo. En ese momento llegó al despacho don Fausto.
—Creo que los juzgué mal a todos.
—Buenas noches, señor. —más de uno saludó.
—Gracias por devolver a mi hija a quien era.
—Entonces, ¿no hicieron falta los correazos? —intervino Santiago, que también entró a recinto.
—Fue idea tuya, la terapia de choque funcionó. —respondí, Cebolla sonreía.
—Entonces, ¿quería convertirse en la jefe de jefes?