Eva condujo hacia el campus y aparcó cerca de la calle principal, pensando que podría recorrerla y echar un vistazo a los bares. Decidió no llevar su identificación, con la esperanza de poder entrar a escondidas en algún sitio donde le permitieran tomar unas copas. También dejó su abrigo en el coche, pues no quería tener que buscarlo. Eva pensó que tampoco necesitaría su bolso, ya que estaba segura de que podría conseguir que los chicos le pagaran, aunque sí llevaba protección si decidía usarla. En realidad era temprano, sólo las 9:30 y los bares no parecían estar muy concurridos hasta las 10. Eva fue a uno de los clubes de baile más grandes y entró. El portero, un tipo grande y ancho de hombros, la recibió en la puerta. —Vaya, vaya, qué guapa estás —la felicitó a Eva mirándola de arriba

