La Debilidad de Alessia La batalla comenzó al instante. Alaridos y choques de metal llenaron el aire y las sombras del combate se extendieron rápidamente. Los renegados atacaban con furia y precisión, sus ojos brillando con la rabia de aquellos que no temen la muerte. - ¡Tomen muestras y luego destruyan todo! ¡No dejen nada que puedan recuperar! - ordenó Alessia, su voz cortante y autoritaria. - Tomen algunos prisioneros, necesitamos respuestas. Sin embargo, lo que no había previsto era el repentino cambio en sus propios sentidos. Un mareo comenzó a recorrer su cuerpo, como una niebla espesa que oscurecía su mente. Sus pasos se hicieron pesados y la intensidad del combate a su alrededor comenzó a desdibujarse. La confusión la invadió de forma violenta. Su visión se nubló y sus reflejos,

