Cap. 3: Cinco roofies

1607 Palabras
Estoy acostado sobre mi cama, sintiéndome el ser más miserable que existe en el universo, siento la infelicidad impregnar cada parte de mi ser, entrar por cada uno de los poros y absorberse, hasta llegar a la médula. No puedo creer lo que está pasando, no puedo creer que yo se lo permití, debí, yo debí decirle que no, a él, a ella, a sus padres, a los de ella, a los míos, no debí aceptarlo, no así, no debí haber aceptado eso. No sé por qué permití que esto sucediera, ella se suponía sería mi esposa, en cuanto regresara, seguiríamos con nuestros planes de estar juntos y ser felices por el resto de nuestras vidas, como lo platicamos tantas veces, y en cambio aquí estoy, no sé si borracho, o crudo, o en un extraño estado entre ambos, sintiéndome tan sólo y miserable. Tengo días sin comer, días sin dormir, días sin bañarme, tengo días bebiendo sin parar, y yo sólo quiero morirme, morir de éste dolor que siento, solo quiero que este dolor que siento tan fuerte en medio de mi pecho, me abra el esternón y me trague entero y de una buena vez termine con mi patética existencia. Los golpes en la puerta de mi pequeño apartamento me hacen levantar la mirada de la lata vacía de cerveza sobre la que ha estado fija por las últimas dos o tres horas. Los golpes se repiten y yo sólo los ignoro, ya se irán, cuando se cansen. -Abre, hombre, ábreme- m ierda, es Nathaniel -Vete Nate, déjame en paz- -Oh ahí estás, sabía que aquí estabas, ábreme- -Vete Nate, sólo déjame y vete -Hombre, abre, tienes que saber esto- quise ignorarlo pero algo en su voz me hizo saber que era algo importante. Me puse de pie, tambaleante, avancé hasta la puerta, quite el pasador con la cadena y le abrí la puerta. -M ierda, ¿quién rayos se murió aquí dentro?- me dice haciendo gestos de desagrado -Cállate Nate, tienes un minuto antes de que te saque a patadas de mi casa- -Dudo que puedas- -¿Qué dijiste?- lo escuché perfectamente, y creo que tiene toda la razón, a duras penas puedo mantenerme en pie, pero eso nunca se lo admitiré o me lo recordará por el resto de mi patética existencia -Que debes escuchar esto- -Ya, dime, pero baja la voz, cada maldita palabra que dices resuena en mi cabeza como un martillo hidráulico Nate, no lo soporto -Hoy es la boda- -¿Qué? -Reacciona tonto, en- hace una pausa y mira a su reloj- una hora y ocho minutos, se casará con El- -No te atrevas a mencionar el nombre de ese maldito cobarde, miserable pedazo de- -Entendí, entendí, pero hey, ¿en serio no vas a ir a impedir eso? -Ella así lo decidió, me cansé de rogarle, de pedirle que no lo hiciera, ella debe amarlo a él más que a mí- -No, es sólo que ella no sabe la verdad- -¿Y ahora de que rayos hablas tonto? -El- gruñí y Nate continuó sin mencionar al maldito- Martin, ¿recuerdas a Martin? -Sí, le apestaban las patas después de cada partido- -Ese Martin- -¿Y qué con él? -Ah, él me dijo- -¿Qué?, ya escúpelo de una buena vez, me estás cansando Nate- -Me pidió que no lo mencionemos si llegamos a- -¿Qué Nate?, me estoy hartando de tus acertijos- -M ierda, ¿recuerdas a spikes (picos)? -Oh m ierda, ¿estamos evaluando mi memoria?, por que si así es, ya me hartaste, esto se acabó- -No, espera, ¿recuerdas a spikes? -Sí, el tipo alto, de descendencia latina- -Ándale, ese mero- -¿Y ahora qué con él? -No sé bien cómo, pero, ¿recuerdas que su primo vendía mollies (forma de llamarle a las pastillas de éxtasis) en el campus? -Sí, lo recuerdo, ¿y qué con eso? -¿Sabías que también vendía roofies (el flunitrazepam es un fármaco con un potente efecto hipnótico, conocida como la droga de la v iolación)? -Sí, el tal Benjamín, el tipo tatuado, ¿y?- -Pues, un día spikes llevó a Elijah a comprar cinco roofies, con su primo- -¿Qué dices? -¿Sabes que día lo hizo? -Nate- siento mi pulso acelerarse -¿Sabes que día fue Jackson? -Nate, no me digas que- -Pues el imbécil de Martin contactó a Elijah con spikes, dos días antes de que regresaras, y él lo llevó con su primo, ¿sabes para qué?- no puedo creer lo que estoy escuchando, me pongo de pie y en un arranque de irá levanté la mesa de centro que estaba llena de cajas de pizza y latas de cerveza vacías y sin pensarlo, la lancé contra la pared de la sala, rompiéndola en muchos pedazos -Cálmate Jackson, cálmate- -Sí sabes lo que me estás diciendo Nate- -Sí, lo sé- -Sabes lo que eso, significa- -Sí hombre, lo sé- -¿Por qué me lo dices hoy? -Por que Martin no había logrado comunicarse con spikes, hasta ésta mañana, cuando nos confirmó lo que Elijah compró ese día- -Nate, él- quiero gritar y romper cosas, tomo a Nate por el cuello de su camisa y lo levanto del piso con una mano -Cálmate Jack, bájame- reaccioné al escucharlo y de inmediato lo hago, lo bajo y me tiro al piso y me empiezo a mecer, como cuando escuchábamos los disparos durante toda la noche, allá en Irak -Ese maldito drogó a mi chica, me estás diciendo con toda certeza que ese maldito bastardo, drogó, violó y embarazó a mi chica Nate- -Se casarán en menos de una hora Jackson- -No, no lo harán- Me pongo de pie aventando cosas hacia los lados, basura y cosas mías que están tiradas en el piso, entro al baño y me doy una larga y fría ducha. Después de bañarme por unos buenos quince minutos, lo que me permitió bajarme la borrachera de días, salí del baño y me dirigí a mi habitación, y mientras buscaba entre mi ropa colgada en el closet, Nate entró a mi cuarto y me extendió una enorme taza de humeante café n egro, el cuál está bien cargado, y que me terminé en tres tragos. Me vestí, todo de n egro, por que si no logro evitar esa boda, mejor que sea de una buena vez mi funeral. Nate manejó como demente, vivo al otro extremo de la ciudad, la boda será en la nueva casa de los padres de ese maldito, vengo tomándome varias bebidas energéticas, intentando no arrastrar las palabras, y cuando por fin, Nate se detiene justo frente a la enorme puerta de entrada de la casa, de los padres del v iolador de mi chica, me dice agitado: -Bájate, corre, iré a estacionar bien, adelántate- lo hago, salto del auto convertible, bajándome sin siquiera abrir la puerta. Corrí hasta la puerta y pensé en tocar, pero decidí simplemente entrar, total, no fui invitado. Camino atravesando la sala, y la veo, ella está de pie, y luce más que hermosa, está preciosa, aunque pareciera temblar, es como, ella luce como un ángel, no quiero moverme por miedo a que me note y la maravillosa visión se termine, pero entonces ella volteó y me vió, me reconoció de inmediato abriendo los ojos, esos preciosos ojos, enormes, pero antes de que pudiera decir, o hacer algo, ella salió atravesando unas cortinas. Sentí una mano en el hombro derecho, y veo que es Nate. -Acaba de salir, no me dejó decir nada- -Espera a que pregunten si hay algún impedimento, estoy seguro que eso, is a f ucking deal breaker! (¡es un factor para detenerla!) -Tengo náuseas- le digo y él me jala hasta un baño. Siento que voy a vomitar mi hígado, ya que no he comido nada en días, y eso sería bastante lógico. -¿Todo bien?- asoma la cabeza Nate, y me hace un gesto de disgusto- f uck man!, it is disgusting! (¡joder hombre!, ¡es asqueroso!) -Cállate de una buena vez o te juro que- le digo poniéndome de pie y lavándome las manos, boca y rostro, tomo papel y limpio mi corbata y mi camisa, las cuales se salpicaron, m ierda -Ey, ya es hora, apúrate- me dice Nate y de momento no entiendo a qué se refiere- apúrate, ya lo está diciendo el cura. Corro hacia el patio y alcanzo a escuchar la última parte de la pregunta. -O que calle para siempre -¡Me opongo!- salí a través de las cortinas por las que ella desapareció y siento de inmediato las miradas de todos sobre mí. El maldito bastardo me amenaza, y lo ignoro, no le tengo miedo, pero cuando le suplico que diga algo. -Vamos, cariño, dile al ministro la verdad, hazlo, por mí y por ti- ella sencillamente me mata -Por favor Jack, ya lo hemos discutido, esto es lo que quiero, vete de una buena vez- sus palabras, cada una de ellas, fue como una puñalada, profunda, directo al corazón -No sabes lo que él hizo- le digo tratando de decirle lo que Nate acaba de descubrir -Vete de una vez- se dió vuelta y ya no regresó su mirada a mí. El pedazo de m ierda junto a ella empezó a gritarme de cosas, pero yo sencillamente no lo escuchaba, sólo veía su espalda. El fuerte golpe de martilleo, acompañado de la típica frase, me hace regresar al presente. -¡Orden, orden en la sala!- grita el juez, en la audiencia de divorcio.
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