Vanina estaba con el vestido de novia, se miró y no pudo evitar sonreír. Se veía hermosa, salió del probador y Matilda, y Sandra la miraban embobadas. –Te queda hermoso. –Dijo Sandra. –Pareces una princesa. –Gracias. Había pasado un mes, la pareja se había instalado en Paris y ella había debutado como diseñadora. No podía estar más que feliz con German y ahora se estaban por casar. Ella abrió los ojos y miro que German estaba dormido en la silla, se sentó y acaricio su cabeza. Apenas podía recordar lo que había pasado, pero ahora estaba tranquila de que su hija estaba bien. German se despertó y sonríe. –Me hiciste asustar. –Perdóname, es que sentía que nuestra hija dependía de mí. El acaricia su mejilla y besa sus labios. –Lo malo acaba de terminar, ahora podemos ser felices todo
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