Pasaron las horas y no había noticias de Mariela, estaba por amanecer, la pareja estaba en una situación muy dramática, no sabían que hacer. Estaban en la casa y Vanina estaba inquieta. –Ella no se merece esto. –Llorando. –No quiero que nuestra hija pague por mi culpa. –No es tu culpa, la protegiste y la vamos a encontrar. –Agarrandola de los hombros. –No se, German, algo me dice que yo soy la única que la puede salvar. –Se aleja. –Ustedes dos están pagando por algo que no hicieron. –Triste. –Siento que soy la enfermedad y yo se que también soy la cura para salvar a Mariela. El la miro confundido. – ¿De que estas hablando? Ella no le contesto y miro al suelo. – ¿Qué quieres decir con eso? Cierra los ojos y niega con la cabeza. –No, quiero saber que pensaste, no voy a dejar que hag

