Sandra no paraba de llorar, escuchaba atentamente a lo que le decía su amiga, Vanina en contar algunas veces se le quebraba la vos y unas lágrimas bajaron a sus mejillas. –El tiene que escucharte. –Enojada. –Es un pelotudo. –Se va a ir del país o capaz esta viajando, ya no lo se pero no hay vuelta atrás. –Triste. –Tienes que denunciar a ese hijo de puta. –Sandra, pasaron muchos años, si en ese tiempo no cumplió su condena, ahora menos. –Hay que intentarlo, por favor. –Aparte la prensa se puede enterar, no quiero. – ¿Entonces te vas a quedar de brazos cruzados? –Seria. –Claro que no. –Denúncialo, tiene que pagar por todo lo que te hizo y esa mujer por cómplice. –Hace tanto que no tengo un abogado, estaba tan tranquila y ahora esto. –Seria. –Era feliz y en un día para el otro, todo

