—Mentirosa —le espetó—. Tu padre te lo contó todo. Prácticamente vivías en esta habitación. —Sí —se burló Riley—. ¿Ves esa silla en la esquina? Me sentaba allí a leer un libro. No husmeé en las cosas de papá. Además, sólo estaba aquí para alejarme de ti. —Ábrelo. —Danny rechinó los dientes. —Te lo digo, Danny, será mejor que cojas algo del dinero del seguro de vida de papá y contrates a un cerrajero. No sé la combinación. La presión en la cabeza de Riley aumentó hasta que le pitaron los oídos. —El ruido no te ayudará, Danny —gritó por encima del sonido de mil abejas—, no sé la combinación. Si me torturas, me amenazas, seguiré sin saber la combinación. —¿Y si te corto? La cabeza de Riley vibraba tanto que le costaba ver. La habitación parecía borrosa, como si se hubiera desenfocado.

