A los ancianos se los recluyó en una zona donde se los mantenía vigilado hasta saber qué hacer con ellos, ya que habían violado la ley de protección. Sabían que, si los dejaban caminando libremente, comenzarían a convencer a las personas de ponerlos en contra o a amenazarlos para que hicieran su voluntad. Se armó un campamento para los rescatistas y así los aldeanos no se vieran obligados a ceder sus chozas. Al principio los aldeanos eran tímidos, pero, un joven se acercó al grupo de Christal y comenzó a atenderlos. Al parecer era el líder de los que sí los querían en la aldea. Les contó que días antes aquel lugar fue una locura por su llegada y los líderes habían asesinado a varios que intentaron revelarse contra ellos. Así que les agradecían mucho su llegada para poder librarse de

