Christal tuvo que decirse en voz alta una y otra vez: —Esto no es real, esto no es real, esto no es real. Las lágrimas salían a borbotones de sus ojos y observaba fijamente a Eduil, deseando con todas sus fuerzas un abrazo suyo. —Entonces, ella no es mi unión biológica —dijo Eduil al doctor. —Oh, no, para nada, señor —informó el doctor. —Eduil —musitó Christal—. Puede que en alguna vida no hayamos sido uniones biológicas —dijo con voz rota—. Pero quiero decirte que yo deseo estar contigo, conocerte a fondo y poder aceptarte tal y como eres. —El joven la observó fijamente con cierto aire de impresión—. Me duele profundamente el imaginar una vida sin ti. —¿Quién eres? —preguntó Eduil con voz seria y un tanto asustada. —No me conoces, tal vez, no lo sé —respondió ella—. Pero yo s

