Isabella Al decir esas últimas palabras, pude ver claramente en sus ojos la ira, la molestia, un poco de confusión, arrugó su ceño y luego de un breve momento, se dirigió a mí. —¿A ti? ¿Por qué te quiere a ti? ¿Desde cuándo ese…?—detuvo su oración, pensé que diría una grosería—¿Desde cuándo tiene interés en ti? ¡Si solo lleva un día de conocerse!—exclamó empezando a exaltarse. —Definitivamente va con todo. —comenzó a caminar de un lado a otro, pensando, me levanté del brazo del sillón y me interpuse en el camino de él, puse mis manos en su estómago para que se detuviera, sus ojos se abrieron un poco más por mi movimiento. —Respira, habibi. Respira…—susurré, aún me estremecía la forma en que salía esa palabra de mi boca hacia él, y para Zaid pareció ser un bálsamo que pudo tranquilizarl

