CAPÍTULO DIECIOCHO El enfrentamiento es violento. La banda de intrusos, que se esconde discretamente entre los ciudadanos comunes, entra sin ser detectada por los guardias de la iglesia. Suben sigilosamente las escaleras de la pared y atacando por detrás, los eliminan como presas fáciles, dejando a cada uno impotente o muerto. Rápidamente se apresuran a la iglesia y alcanzan a todo el Consejo. Bianca es su objetivo y el escondite secreto de cristales sagrados es el tesoro que buscan. “Nunca diré nada” promete Bianca. “No importa lo que me hagan.” “¿Ni siquiera si matamos a todos los miembros de tu precioso Consejo?” “No te rindas, Bianca.” Todos están unidos detrás de ella. “Es mejor morir que vivir bajo la tiranía.” “Nadie morirá mientras yo tenga un aliento en mi cuerpo” declara Bia

